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Grande, inabarcable, emocionante y diverso. El primer gran festival de cine del año reúne durante 10 días a miles de personas que asisten masivamente en pos de la experiencia de la gran pantalla, esa experiencia tan personal que se comparte en la oscuridad, al lado de extraños. Lo especial de la Berlinale es que no es un festival excluyente, no sólo está pensado para la gente de la industria que llega de más de 130 países, o para los 4.000 periodistas de todo el mundo, sino para el público. Y es precisamente éste el más dedicado, porque juiciosamente está haciendo cola desde las ocho de la mañana en las taquillas para obtener las boletas del día.
Aunque este año la presencia latinoamericana en las pantallas no ha sido tan fuerte como en ediciones anteriores, lo poco que hay es sustancioso.
Mañana sábado se revelará la película ganadora del Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín, uno de los eventos cinematográficos más importantes del mundo. Si fuera por lo que ha dicho la crítica especializada y si nos guiamos por la opinión del público en general, Gloria, la tercera cinta del chileno Sebastián Leilo, la única producción latinoamericana en la competencia oficial, puede ser la gran favorecida de este año. Es la historia de Gloria, una mujer divorciada de 58 años que decide desafiar la soledad y la edad. Se embarca en la búsqueda del placer inmediato y se estrella con vacíos y puertas sin salida. Se imagina una relación a futuro con uno de sus encuentros, pero esto sólo la confrontará con sus secretos más oscuros. La fuerza femenina de este personaje que se debate entre la fragilidad, las verdades dolorosas y la esperanza hace eco en el género de la tragicomedia. A pesar de que el tema feminista surge, se desarrolla orgánicamente, sin necesidad de ser articulado. Una película intimista, de profundidad emocional, honesta, que logra escapar a los clichés que puede generar un personaje como esta mujer en crisis de la mitad de la vida. Los derechos de proyección de la película fueron adquiridos por Babilla Cine y pronto se estrenará en Colombia.
La Berlinale se caracteriza por darles voz tanto a los cineastas consagrados que tienen un nombre en la industria, como a realizadores desconocidos de visiones artísticas y radicales. Al Festival de Berlín le encanta darle cabida a cinematografías de países en los que no hay una industria del cine. Esta 63ª edición no es la excepción. En la competencia oficial se puede encontrar a un reconocido director como Steven Soderbergh, quien enfrenta su quinta participación en el festival con el thriller Side Effects. Soderbergh suele hacer uso de los géneros cinematográficos para señalar escándalos sociales y políticos, en este caso la maquinaria y las argucias de las grandes empresas farmacéuticas. Pero, por otro lado, hay producciones de Bosnia, de Rumania, de Rusia, de Corea, o como Pardé (Cortina cerrada), del director iraní Jafar Panahi, quien el año pasado no pudo asistir al festival en su rol de jurado porque le dieron casa por cárcel por supuestamente haber hecho propaganda contra el Gobierno. Además tiene prohibido hacer cine durante 20 años. La película, que compite en la sección oficial, fue transportada secretamente fuera de Irán y fue hecha, como lo sugiere el título, a puerta cerrada. A pesar de sus circunstancias políticas y de que habla sobre la imposibilidad del director de trabajar, el resultado es bastante experimental y por lo tanto complejo para el espectador.
Pueden ser proyectos arriesgados, contemplativos, herméticos, interesantes, conceptuales o comerciales. Pueden tener todos los efectos, pero lo que logra que una película tenga acogida es ese mágico instante en el que se conecta con el público, cuando alcanza a sacudir de una manera o de otra tanto a un chino como a un griego, a un colombiano con un alemán. Las fronteras se desdibujan y no importa si está hablada en checo o si fue rodada en Senegal o en la Antártida. El cine se vuelve un lenguaje universal. Y la Berlinale es, sin duda, una celebración de ese hecho.
Anne Hathaway, Jude Law, Amanda Seyfried, Ethan Hawke, Matt Damon, Isabella Rossellini, Isabelle Huppert, James Franco, Jeremy Irons, Wong Kar-wai, entre muchos otros, han desfilado por la alfombra roja y hacen parte del paisaje urbano, pues no es extraño encontrarlos comiendo al lado en un restaurante, pasando la calle o bajando en el mismo ascensor. Aunque el de Berlín no es un festival con el lujo y el glamour de Cannes, el poder de las estrellas ha subido la temperatura en el festival de cine mas frío del mundo.