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Para Carlos Mario Aguirre y Cristina Toro, de El Águila Descalza, la obra País paisa fue un enemigo. De las rejas de esa prisión artística trataron de liberarse empleando características similares a las de las de la exitosa propuesta, sin embargo, con el primer intento, llamado Pues Antioquia vos, lo único que hicieron fue darle fuerza al monstruo y hacer que el público implorara el regreso del montaje. El procedimiento para la emancipación fue arduo, por separado y en conjunto, hasta que encontraron la llave maestra. No fue, ni mucho menos, un ejercicio rápido, ni desprevenido. Fue la urgencia de despojarse de unos atuendos y mirarse por dentro.
Así han surgido creaciones como Chupe por bobo, Coma callao, Mañana le pago y ahora No vuelvo a beber, con las que han enriquecido su actividad en más de 25 años de historia conjunta. A pesar de la sintonía que existe entre estos dos actores, cuyo oficio artístico no se limita a las funciones con El Águila Descalza, no tienen una plantilla establecida para engendrar las ideas que llevan a las tablas.
“Las obras son lo que ellas quieren ser y no lo que uno quiere que sean. Eso lo he comprobado muchas veces, incluso con el más reciente montaje, No vuelvo a beber, que lleva más de 135 funciones, pero siempre, después de un receso, hay que reactivarla. Si uno mira el libreto original, hay muchos pasajes que han desaparecido”, dice Cristina Toro, quien el año pasado presentó su sexto libro dedicado a la poesía.
Cada obra tiene una escritura muy sui géneris. Por ejemplo, la actual nació en Bogotá. En una de sus giras durante 2012 con La patria boba, Carlos Mario Aguirre y Cristina Toro estaban alojados en un hotel boutique y un grupo de adolescentes casi no los dejó dormir. Al otro día en el desayuno supieron todo lo que habían hecho las jovencitas durante una velada llena de excesos y motivada por los ríos de licor. Buena parte de lo que se puede ver y escuchar en la obra corresponde a anécdotas de unas extrañas que, sin saberlo, se convirtieron en piezas de inspiración para El Águila Descalza.
La puesta en escena ya es una conjunción de elementos que se mueven entre los dos polos del péndulo. En un extremo están la facilidad de palabra, las exageraciones, las manifestaciones histriónicas de Aguirre, a quien alguien en Medellín bautizó como “La risa de Dios”; mientras que en el lado contrario está Cristina Toro, con su facilidad para neutralizar cualquier intento de desmadre de su cómplice.
“Al final del día, me requiso y veo que lo único que tengo es a Cristina. Nosotros vivimos en la cárcel de la risa. Nosotros tenemos que responder con propuestas cómicas. Si El Águila Descalza sale con algo distinto a la comedia, el público se va extrañar. Pero hay que arriesgarse y tratar de transgredir a los espectadores para conocerlos mejor”, comenta Carlos Mario Aguirre, quien asegura que no es un actor sino un arriero.
La exageración y la mesura están en No vuelvo a beber, que ya suma más de 150.000 espectadores y va en camino de transformase en uno de esos enemigos a los que se quiere.
En temporada en el Teatro William Shakespeare hasta el 24 de febrero. Funciones de jueves a sábado a las 8:30 p.m., y domingos a las 6:00 p.m. Informes y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.