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Sicopatía rampante

Rafael Orduz
01 de octubre de 2008 – 08:45 p. m.

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MILLONES DE COLOMBIANOS DE todas las condiciones sociales y económicas hemos quedado golpeados con el vil secuestro y asesinato de Luis Santiago, a manos de su propio padre.

Un hecho que produce intenso dolor, clamor de justicia y miedo. Nos quedará grabada para siempre la foto del bebé, con sus ojotes sorprendidos mirando a quien le tomó la foto que la familia exhibía en los días de esperanza de hallarle vivo.

Varios expertos en salud mental han opinado sobre las condiciones del padre, tan tranquilo en días pasados pidiendo que no le hicieran daño a su hijo. Coinciden los médicos en calificarlo de sicópata.

Fríos, inmutables, mitómanos, crueles y efectivos para engañar a las personas de su entorno, los sicópatas pueden emprender los delitos más atroces, incluyendo eventos de corrupción y robo, hasta la violación y el asesinato de individuos inofensivos. Según el doctor Franklin Escobar, doctorado en siquiatría forense (entrevistado por D. Arismendi el 1.10.08), la tasa de reincidencia es cercana al 90% en individuos que ya han sido penalizados y han cumplido su condena. En un país como Colombia, en el que los homicidios se castigan con un promedio de 8 años (cuando hay investigación y condena, se entiende, pues la mayor parte de homicidios queda impune) hay, entonces, un campo abonado para la sicopatía.

El Dr. Escobar alerta sobre la alta prevalencia de la sicopatía en Colombia. Desde monstruos como Garavito, tan normal en las entrevistas de TV, hasta los bárbaros de las masacres, el secuestro y el desplazamiento, es decir, los asesinos en serie que hoy, sin inmutarse, confiesan el asesinato de tres mil personas (H.H.) o la localización de una que otra fosa (1.356 encontradas, según la Fiscalía, a 15 de septiembre de 2008).

Pedir la mayor condena posible es, entonces, una necesidad frente a un evento atroz como el que sucedió con Luis Santiago. De todas, quizás la voz de la concejala Gilma Jiménez ,es de las pocas que, de forma consistente, ha clamado desde hace años por duras condenas a tales personajes, particularmente por su sincero interés en la preservación de los derechos de los niños.

No obstante, el tema tiene otras derivaciones. ¿Qué le ocurre a la sociedad colombiana y a sus voceros y a muchos que hoy claman justicia, frente a la evidente barbarie en contra de los niños y niñas en Colombia en el día a día? ¿Es una forma de sicopatía la indiferencia frente a los hechos atroces contra los menores?

Trátese del conflicto (que afecta particularmente a los niños por las vías del reclutamiento forzado, la orfandad, el abandono, el desplazamiento y la muerte misma) o de otras formas asociadas a la violencia intrafamiliar, que incluyen las más infames, o las del maltrato asociado al trabajo infantil, o las derivadas de la simple miseria, como la desnutrición, en Colombia hay una emergencia humanitaria que afecta a los niños colombianos.

 Hace 19 años Colombia adhirió a la Convención Internacional de los Derechos del Niño, según la cual, éstos son siempre prevalentes. Quizás se castigue ejemplarmente —ojalá—, al padre asesino.

¿Cómo nos convencemos de que los niños son realmente la prioridad? Algunos dicen que los niños son el futuro y olvidan que los niños son el presente y el futuro.

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