“El Amparo” o la resistencia contra “la verdad oficial”

El filme rinde homenaje a quienes no permiten que se olvide la masacre de pescadores ocurrida hace 31 años en la frontera colombo-venezolana.

El filme de Róber Calzadilla se proyecta en la Cinemateca de Bogotá y Cine Tonalá. / Cortesía
El filme de Róber Calzadilla se proyecta en la Cinemateca de Bogotá y Cine Tonalá. / Cortesía

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“El Amparo” comenzó como una obra de teatro, ¿por qué hacerlo cine?

Desde el estreno de la obra de teatro supimos, Karin Valecillos, la guionista, y yo, que ahí había una historia para hacerla en el cine, fue algo tácito. Terminaba la universidad y ella acababa de llegar de Argentina. Estábamos frente a la historia de esta masacre de pescadores que nos había conmovido mucho en nuestra niñez y ahora, 22 años después, estábamos frente a ella y nos seguía tocando profundamente. Teníamos unos personajes poderosos (Wólmer Pinilla y Chumba Arias), un pueblo en resistencia y en contra de “la verdad oficial” de un gobierno corrupto (los dos sobrevivientes fueron presentados como guerrilleros), un pueblo comandado en su totalidad por las mujeres (que creyó en los pescadores), y el triste cuento de nunca acabar en nuestros países: la impunidad frontal.

¿Por qué no hacer un documental?

Es curioso, pero nunca nos planteamos hacer un documental. Pero sí es cierto que se fue generando, a medida que trabajaba en el proyecto, una mirada muy documental que la misma historia reclamaba. Me gusta ese espacio intermedio entre el cine de ficción y el cine documental. Como espectador me alimento mucho más del documental que de la ficción, pero curiosamente siempre pienso más en la ficción, la ficción como un documental.

Esta historia sucedió en los 80. ¿Se puede decir que sigue siendo vigente?

Desafortunadamente es una historia que se repite en todos los gobiernos. La impunidad que se vive en Venezuela ahora es frontal y enfermiza, en estos últimos tiempos ha crecido a niveles terroríficos, realmente macabros, no les importan ya las fachadas, se ríen de las víctimas y ejercen cargos importantes en los gobiernos, y este gobierno actual, que tiene 20 años en el poder, ha sido el nido por excelencia de la impunidad y la corrupción. Cualquier gobierno corrupto anterior se queda corto ante esta debacle. Así es que desgraciadamente, sí, es una historia que no pierde vigencia.

¿Cómo conoció a Pinilla y Chumba, los dos sobrevivientes de la masacre? ¿Aún tiene comunicación con ellos?

A Chumba y a Pinilla los conocí primero en la tele, en los noticieros, tenía 13 años, ambos me marcaron. 22 años después colaboraba con una ONG emblemática de derechos humanos en Venezuela, fui con ellos a entrevistarlos con motivo de los 22 años de la masacre y el mismo tiempo de impunidad. La idea era hacer entrevistas y generar un material didáctico para divulgar y recordar esa deuda al país y al gobierno. Eran un par de sujetos muy particulares, no se amilanaban con nada, no perdieron el sentido del humor y estaban (y están) dispuestos a seguir luchando por la verdad de lo que sucedió en El Amparo para que el caso salga del estanque de “la justicia militar” y pase a tribunales civiles. Nos hicimos amigos.

“El Amparo” se promociona con la etiqueta #UnidosPorLaVerdad. ¿Por qué?

Creo que como lo demuestran las mujeres y los dos protagonistas de la película, la unión hace la diferencia. En El Amparo el pueblo se unió y por ese breve instante venció las sombras de la impunidad. Necesitamos más unión.

¿Las denuncias que se hacen a través del cine logran reformar a la sociedad?

Aunque a veces soy muy pesimista al respecto, a la hora de pensar en una historia, es mi esperanza.

¿Cómo se gestó la película?

Les comentamos la idea de hacer una película, pero no nos creían mucho porque a otros cineastas, tiempo atrás, les habían dicho lo mismo. Con el tiempo forjamos unos vínculos, quedamos comunicados vía telefónica y con visitas. Tocó contarles que se haría una ficción en la que se pondrían cosas y personajes que no existieron, etc., a Pinilla le asombraba y divertía el hecho de tener a una mujer en la historia de la película. Hoy somos amigos, he perdido la comunicación desde que caí enfermo y por motivos de salud tuve que abandonar mi país. Pero son un par que marcan tu vida y que además tienes la fortuna de conocerlos.

¿Dónde se filmó la película y cuáles fueron los mayores retos del rodaje al contar este tipo de historia?

Se grabó en Yagual, estado de Apure. Es un pueblo particular porque lo divide en dos un río, el río Arauca, el mismo río, kilómetros más hacia el norte, donde ocurrió la masacre de El Amparo. Este fue un proyecto bendecido, curiosamente y tratándose de lo que se trata, las puertas se nos abrieron y todo fluyó sin problemas. Al estreno de la película si hubo ciertas tensiones de parte del gobierno, pero que duraron poco.

¿Las denuncias que se hacen a través del cine logran reformar a la sociedad?

Aunque a veces soy muy pesimista al respecto, a la hora de pensar en una historia, es mi esperanza.

 

 

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