Ministros ¿en contra de consultas?

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Por: Alberto López de Mesa*

Por fin la participación democrática demuestra su significado para la dignidad de los pueblos: Cajamarca, Cabrera, Cumarál, Arbélaez y Pijao son los municipios donde sus habitantes, acogidos al derecho constitucional a la consulta pública para decidir democráticamente el devenir ecológico de sus regiones, votaron “no” a la explotación de los yacimientos de hidrocarburo y minerales que posee su subsuelo.

Para la mayoría de los habitantes de dichos municipios primó la protección a sus fuentes hídricas, la vocación agrícola de su suelo y de su cultura, y al anhelo de un desarrollo sostenible y congruente a las expectativas de bienestar general. De nada sirvieron las promesas de grandes regalías y grandes inversiones en escuelas, hospitales y vías, con las que los áulicos de las multinacionales suelen ofrecerles a los habitantes de las regiones elegidas para la explotación, a veces irresponsable y codiciosa, del subsuelo.

Hemos visto con estupor los destrozos ambientales producidos por el desvío del río Ranchería para beneficio de la carbonífera Cerrejón; las pretensiones de empresas canadienses en el páramo de Santurbán, y las ruinas que ha dejado la minería legal e ilegal en Segovia (Antioquia) y en pueblos rivereños del Atrato.

No se justifica, pero se entiende, que el Ministro de Minas, Germán Arce, se rasgue las vestiduras por los resultados de las consultas, adversas a los intereses de las multinacionales petroleras y mineras. Tal vez por eso está haciendo carrera en el sector minero-energético la tesis de que “es la Nación, y no las Regiones, la responsable de decidir sobre la explotación del subsuelo”. Confiemos en que la Corte Constitucional valore el derecho a la salud y a la protección de nuestra biodiversidad sobre una noción de progreso irracional y parcializado a favor de unos monopolios.

Entre tanto, resulta sospechoso el silencio supino del Ministro de Ambiente, Luis Guillermo Murillo, que en razón de la ética misional de su cargo, debería respaldar en público la postura efectivamente ambientalista de las mayorías que se manifestaron en las consultas. Pero sólo guarda silencio. El viejo truco del bajo perfil para que no se vea como opositor al desarrollo. Bueno, dice mucho que un ingeniero de Minas sea nuestro ministro de Ambiente. Esto hace dudar de su probidad a la hora de orientar las medidas y políticas ambientales que requiere el país.     

*Alberto López de Mesa, arquitecto y ex habitante de calle

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