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En años recientes, la presentación del informe de reservas de la Agencia Nacional de Hidrocarburos se ha convertido en un momento ciertamente tensionante: un momento para pasarles revista a los fantasmas de las decisiones pasadas en materia petrolera.
El panorama que pinta el documento de este año, que mira los datos con corte a 31 de diciembre de 2024, es agridulce, en el mejor de los casos.
Primero los datos crudos: en términos de petróleo, las reservas del país tienen un horizonte de uso para 7,2 años (frente a los 7,1 años registrados en 2023). En gas, la cifra bajó a 5,9 años (en 2023 fue de 6,1 años).
A diferencia de informes recientes, los datos para ambos combustibles muestran dos cosas distintas: una leve mejoría en petróleo y una caída sostenida en el gas, aunque menor que la registrada entre 2022 y 2023.
En este contraste hay noticias positivas, lo que le aporta el elemento dulce a esta ecuación, que no alcanza a ser prominente ni empalagoso, apenas leve, si se quiere.
La estrategia de optimización
La incorporación de nuevas reservas al inventario petrolero del país, a pesar de que no se han realizado nuevas exploraciones en la era Petro, es un buen indicador de las acciones de optimización de los campos que ya operan en el país.
Desde varios ministros de Minas atrás, uno de los puntos fuertes de la estrategia en hidrocarburos (estrategia puede ser una palabra demasiado ambiciosa en este contexto) ha sido mejorar la producción en pozos que, en palabras de analistas, han tenido una dinámica perezosa.
Que se hayan logrado incorporar 15 millones de barriles a reservas entre 2023 y 2024 indica que “las estrategias de incorporación de reservas a partir de proyectos existentes y bajo criterios de producción incremental y recobro mejorado dieron resultados positivos, a pesar de la disminución en actividades exploratorias”, según Julio César Vera, presidente de Xua Energy.
Este resultado, de fondo, no es de poca monta, porque significa que las lecciones de ahora se pueden seguir incorporando a futuro en la explotación petrolera nacional. Puede sonar a raspar la olla, pero al final de cuentas optimizar la producción redunda en beneficios para todo el ecosistema.
Para el caso del crudo, el informe asegura que las reservas probadas (aquellas llamadas P1) llegaron a 2.035 millones de barriles en 2024. Y aunque es un cambio ligero hacia arriba, vale la pena mencionar que es el primer incremento en tres años.
De acuerdo con la ANH, la reposición en el caso del petróleo alcanzó 105 % en 2024: por cada 100 barriles producidos, se repusieron 105. “La incorporación total anual para petróleo se incrementó en un 30 %”, destacó la entidad.
Antes de seguir con la discusión es importante explicar las diferencias entre las reservas probadas, las posibles y las probables.
Las probadas son las que están listas para ser desarrolladas y tienen un 90 % de probabilidad de extracción, es decir, con las que el informe mostró que se tiene una autosuficiencia de 7,5 años.
Las probables, en pocas palabras, son las que no disponen de la suficiente información geológica para ser desarrolladas.
Y las posibles son el tipo de reservas sobre las que “no existe la seguridad de recobrar en forma económica, que necesitan un trámite ambiental y contractual”, como las definió en una entrevista pasada Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas.
Además de esto, se encuentran los recursos contingentes que, como su nombre lo indica, no han podido ser extraídos por varias razones o contingencias.
Sobre este último punto, Vera aseguró que otra de las noticias positivas es el aumento de recursos contingentes en el lado del gas, con un crecimiento del 48 % frente a las cifras de 2023, llegando a 20.900 giga pies cúbicos (GPC). “Dado que se trata de recursos que, tomando las debidas medidas a nivel contractual, socioambiental y de seguridad física, y si el escenario de precios y de estabilidad inversionista y fiscal es favorable, se pueden volver reservas a mediano y largo plazo”.
Pero las noticias positivas llegan, más o menos, hasta aquí.
El crudo escenario del gas
“Respecto al gas, las cosas no son alentadoras. Las reservas probadas disminuyeron 13 %, pasaron de 2.373 giga pies cúbicos a 2.064. Importante anotar que solamente se incorporaron 42 giga pies cúbicos frente a los 351 giga pies cúbicos que se extrajeron. Lo que quiere decir que solamente se repuso el 12 % de la producción de gas que se extrajo del subsuelo. Acá la mayoría de lo que sumó fue también el recobro mejorado”, asegura Sergio Cabrales, profesor de la Universidad de los Andes.
El panorama del gas es lo que más preocupa del informe de reservas de la ANH. Aquí es importante recordar que los datos de 2023 en gas mostraron la segunda peor caída en reservas en una década, apenas por detrás de las cifras entre 2018 y 2019.
Entonces, si bien el ritmo de caída en el gas se frenó el año pasado con respecto a 2023, la realidad del asunto es que las reservas continúan en una tendencia preocupante a la baja.
Visto de otra forma, el horizonte de autosuficiencia de 5,9 años equivale casi que a la mitad exacta de las reservas que se tenían hace una década.
Cabrales lo pone de esta forma: “No hay ninguna tranquilidad. En términos de gas es muy preocupante, porque llevamos 12 años consumiendo más del gas que incorporamos. Solamente en 2021 incorporamos más de las reservas que extrajimos. De resto, en los últimos 12 años las reservas han bajado 64 %”.
Vera también señala que hubo una caída importante en “materia de reservas probables y posibles de gas en más de 600 GPC, con una disminución del 9,24 %”. Y añade que todos estos datos lo que señalan es que, en el escenario de corto plazo, “las cosas se complican en materia de suministro de gas y necesariamente tendremos que recurrir a importaciones para cubrir una parte importante de la demanda local esencial, hasta que entren por ahora los recursos asociados a la explotación del “off shore” en el campo Sirius entre 2029 y 2030”.
Por su parte, desde Naturgás advirtieron que “la reducción sostenida de reservas no es un tema técnico aislado, y puede tener implicaciones directas sobre la calidad de vida de 36 millones de colombianos que utilizan gas natural en sus hogares, así como la industria, que lo emplea para producir alimentos, papel, cemento y otros insumos claves para la economía. El gas también respalda hasta el 30 % de la generación eléctrica en momentos de baja hidrología, como ocurrió durante el pasado fenómeno de El Niño”.
Para la Asociación Colombiana de Petróleo (ACP), los datos del informe en general evidencian “la necesidad urgente de encontrar nuevas fuentes de suministro que permitan aumentar el volumen total de reservas disponibles en el mediano y largo plazo. La evidencia es clara, en reservas de gas Colombia no está reponiendo todo lo que consume y en petróleo apenas alcanza a reponerlo, por lo que se está reduciendo el inventario total de recursos disponibles”.
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