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«Soy una loca política»

Este periodista y activista es el invitado internacional a la 11ª versión del Ciclo Rosa de Idartes, un conjunto de muestras audiovisuales de todo el mundo con contenido LGBTI.

13 de septiembre de 2012 – 04:36 p. m.
Víctor Hugo Robles señala que él es el  Che "de la utopía, el que intenta de algún modo convertir a este personaje en una metáfora". / Rodrigo Dofman-Chile
Víctor Hugo Robles señala que él es el Che «de la utopía, el que intenta de algún modo convertir a este personaje en una metáfora». / Rodrigo Dofman-Chile

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Debía tener ocho o diez años cuando empezó a darse cuenta de que era diferente, cuando tuvo que enfrentar prejuicios, estigmas y discriminaciones que no entendía muy bien. Víctor Hugo Robles aún recuerda que fueron varias las veces que llegó del colegio a su casa, llorando, porque sus amigos le decían “mariquita”, y se arropaba tras las faldas de su abuela, con la que hoy todavía vive.

Se crió en El Cortijo, un barrio de escasos recursos de Santiago de Chile. Allí comenzó a ser “inútil subversivo”, como él mismo se califica. Cuenta que un día, cuando tan sólo era un bebé, entraron a robar a su casa. Su madre descubrió a los ladrones y del susto se le cortó la leche materna. Con un dejo de gracia, Robles dice que sospecha que por eso es gay, porque nunca tomó leche de niño.

A Luzmira, su abuela, aún le cuesta entender la sexualidad de su nieto. Lo acepta, lo consiente y también lo calla cuando amanece con esas ganas “locas” de gritarle al mundo que es homosexual, porque ella también ha vivido la discriminación de una u otra forma, lleva consigo el viacrucis de su nieto.

Poco tiempo transcurrió para que Víctor Hugo Robles pasara de ser cuestionado a cuestionar todo cuanto podía. Estudió periodismo y fue entonces cuando inició su lucha, su propia revolución. “Las primeras liberaciones son las personales —dice—. La familia, el colegio, el trabajo se convierten en esas pequeñas revoluciones, que desde lo personal, finalmente van creando cambios sociales, políticos y culturales”.

Fue a partir de esas “revoluciones” como creó en torno suyo a un personaje. Hace algunos años muchos dejaron de identificarlo como Víctor y pasó a ser “El Che de los Gays”. “Muchos me cuestionan, se preguntan por qué uso al Che Guevara si en el fondo él tenía su historia homofóbica. Pero trato de explicar que lo que yo hago no es simular al Che de la revolución: yo soy el Che de la utopía, el que intenta de algún modo convertir a este personaje en una metáfora, porque él también fue esclavo de los prejuicios de la Cuba de los años 60, como muchos otros, de los prejuicios hacia la comunidad homosexual en Chile y en el mundo”.

Robles recuerda que el 28 de junio de 1997 un grupo de expertos cubanos y argentinos descubrieron en Bolivia la fosa común con los restos del Che, el mismo día que se celebra el día Internacional del Orgullo Gay, por eso repite, como se lo dice a todo quien lo entrevista, “creo que eso me impulsó a apropiarme de su cuerpo y figura, y transformarlos en una metáfora guerrillera y marica”.

“El Che de los Gays” estuvo en primera fila durante las manifestaciones en contra de Pinochet, en las marchas travestis, en las marchas por los desaparecidos en Chile, tal vez porque eso es él mismo, una protesta. Dice que representa “un pensamiento que mira la homosexualidad desde las instituciones, una posición de permanente inconformismo. Mi lucha no es sólo por los derechos de los gays, lesbianas y trans, porque nosotros no marchamos solos; también apoyamos la lucha del movimiento estudiantil, de los pueblos indígenas, luchamos por otras transformaciones sociales”. Después de tantos malos tragos, dice, “ya tenía que haberme ido de mi piojento barrio, pero uno extraña su cuna, su origen. En un país extranjero uno no es nadie, es un maricón más. En Chile tengo mi historia, mi biografía”.

Convencido de que todas las luchas que vienen del mundo de la cultura, de las artes, del “cómo entender la experiencia de otros mundos”, son el mejor modo para darse a entender y educar, Víctor Hugo Robles creó un documental con el nombre de su personaje, un trabajo audiovisual que recoge sus intervenciones como activista sociopolítico y cultural: “Un documental construido alrededor de 20 años de historia, la historia de mi vida”, señala.

Desde 2004, la producción ha pasado por más de 15 países, le dio la vuelta al mundo y ahora llega a Colombia para el Ciclo Rosa, un trabajo de la Cinemateca Distrital e Idartes que reúne producciones audiovisuales de todo el mundo con contenido LGBTI.

Las muestras estarán en Bogotá, Medellín y Cali, una forma de apoyar luchas como la del “Che de los Gays”, invitado especial de su undécima versión, un hombre convencido de que con muestras de este tipo se puede “luchar por lo que parece imposible (…), soy una loca política que entiende la lucha como un desacato, en ese sentido estoy convencido de que es necesario liberar para liberarnos”.

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