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Kenny Barron hoy está en la lista de los pianistas más reconocidos del jazz. Esa figuración, según palabras del músico estadounidense, se la debe a mucha gente, a muchos colegas que le marcaron el rumbo de la interpretación. Ron Carter, por ejemplo, le mostró que se puede tocar suave pero intensamente al mismo tiempo. De Yusef Lateef adquirió el valor por la libertad sobre el escenario, y gracias a Ornette Coleman entendió que la sorpresa es un ingrediente vital en el arte.
Con Kenny Barron el bebop adquirió una dimensión distinta, una historia sonora de la que se escribirá un nuevo capítulo durante su presentación al lado del bajista Dave Holland en Barranquijazz 2012.
¿Qué tanta influencia tuvo su hermano mayor, el saxofonista Billy Barron, en su decisión de dedicarse a la música?
Bastante, en realidad. Me dio mi primer trabajo, que era tocar en la banda en la que él tocaba. Me enseñó mucho acerca de cosas como armonías y acordes. Fue una gran influencia. Cuando se mudó a Nueva York ,yo le enviaba composiciones y él me escribía contándome si le habían gustado, qué pensaban los otros miembros de la banda. Siempre me alentó mucho y me dio buenos consejos.
¿Qué elementos encontró en el bebop que no encontró en otros estilos del jazz?
Los elementos del bebop me acompañaron en mi infancia, me crié oyéndolos, por decirlo de alguna forma, por allá en los años 50 y 60. Me atrajeron mucho las armonías y los ritmos. En ese momento, sintonizarme con esa línea de música fue un gran reto para mí.
En la década de los 60 usted hizo parte del cuarteto de Dizzy Gillespie. ¿Qué fue lo más importante que aprendió de él?
Dizzy era un hombre que sabía mucho, estaba lleno de conocimiento. Me enseñaba cosas acerca de los acordes, la armonía y el ritmo. Esas fueron las cosas que más aprendí de él, y especialmente el ritmo, un elemento que conocía muy bien. Tocaba las congas, por ejemplo, y eso le daba un gran conocimiento del ritmo en general, de dónde provenía. Fue una gran experiencia.
Usted hizo varias interpretaciones con el saxofonista Stan Getz. ¿Qué recuerda de esas múltiples colaboraciones?
Fue fantástico. Él es un intérprete muy lírico: cuando toca, realmente cuenta historias. Eso es algo a lo que también le apunto. Me gusta ser un contador de historias, en vez de un simple intérprete de notas. Es algo que aprendí de él y que, en mi parecer, es aún más importante en la música que sale de la improvisación. Me gusta pensar que soy un contador de historias, así muchas veces no lo logre.
¿Cuáles son los elementos claves para usted a la hora de tocar en vivo?
El punto más importante es tratar de contar una historia. En el lado personal, uno de mis mayores retos es lograr concentrarme lo más que se pueda en lo que estoy haciendo, bloquear todo lo que no sea la música. Lo otro es tratar de interactuar con el resto de los ritmos, no ser sólo un pianista tocando con un bajo y una batería.
¿Es muy distinto el jazz clásico al jazz contemporáneo?
Sí, lo es. Creo que las cosas más contemporáneas no son tan líricas, son más intelectuales; música que viene de la cabeza, no tanto del corazón. Creo que necesitas de ambos. Y, claro, suena fantástico, me encanta. Pero el lado malo, en contra, es que cuando acaba no puedes recordar nada de esa música. Con las cosas clásicas aún puedo recordar los solos de John Coltrane o Miles Davis. Con las composiciones actuales no me sucede esto, no puedo recordarlas. De pronto es que estoy envejeciendo, pero es que en muchos casos son demasiadas notas.
¿Cuánta improvisación habrá en su concierto en Barranquilla, al lado de Dave Holland?
Dave es un intérprete increíble. Sabe cómo reaccionar, cómo interactuar. Tocaremos cosas de ambos. Creo que es la segunda vez que tocamos juntos. Y sí, claro, habrá una buena cantidad de improvisación.
¿Qué proyectos tiene?
Entro en octubre al estudio a grabar un álbum en solitario y después de eso creo que grabaré un álbum acompañado de un quinteto. No sé muy bien cuándo saldrán. Hace unas cinco o seis semanas grabé en Brasil un disco de música brasileña.
Sábado 15 de septiembre, 8 p.m., Teatro Amira de la Rosa, Barranquilla.