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En Colombia no suena ajeno el tema de los vetos deportivos a las futbolistas que se les han parado en la raya a los dirigentes para exigirles mejores condiciones laborales y deportivas. Antes, de forma fehaciente, le pasó a la actual capitana de la selección, Daniela Montoya, y unos años después a referentes como Yoreli Rincón, Natalia Gaitán o Isabella Echeverri, que públicamente salieron en defensa de las jugadoras de todo el país y nunca volvieron a ser llamadas al combinado nacional.
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Aunque hoy la selección brilla con jóvenes que ya juegan en las mejores ligas del mundo, como Linda Caicedo y Leicy Santos, y la base del equipo tiene una estructura sólida que la llevó a clasificar al Mundial de este año en Australia y Nueva Zelanda, el entrenador Nelson Abadía ha desechado la posibilidad de contar con varias estrellas en el equipo, a pesar de su continuidad en el fútbol de élite, como es el caso de Yoreli Rincón en Italia. Ausencias inexplicables desde lo deportivo que generan suspicacias.
En este momento, en varias selecciones del Viejo Continente está pasando lo mismo. Todo estalló hace un par de semanas, cuando la defensora Wendie Renard abrió una grieta que tiene en jaque a Francia a solo cuatro meses del Mundial Femenino.
La capitana de las francesas, una de las mejores defensoras de la historia, publicó una carta en la que denunció malos manejos en el interior de la selección y falta de garantías para seguir jugando con les bleus: “Amo Francia más que nada, no soy perfecta, ni mucho menos, pero ya no puedo respaldar el sistema actual, lejos de los requisitos exigidos por el más alto nivel”.
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Renard dio un paso al costado y renunció al Mundial Femenino sentando un precedente que abrió una profunda grieta en varias federaciones de otros países. “Es un día triste, pero necesario para preservar mi cordura. Con gran pesar vengo para informarles de mi decisión de dar un paso atrás con el equipo francés. Desafortunadamente no jugaré esta Copa del Mundo en tales condiciones”, aseguró.
Su decisión fue acompañada por más jugadoras, como Marie-Antoinette Katoto, Kadidiatou Diani y Perle Morroni, que también renunciaron del conjunto francés y denunciaron falta de garantías salariales y escasa atención médica en momentos en los que, incluso lesionadas, no se les garantizaba atención de especialistas. Condiciones precarias que pusieron bajo el foco a la Federación Francesa de Fútbol, actualmente muy cuestionada por las denuncias de acoso sexual y racismo que llevaron a la dimisión del presidente Noël Le Graët.
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El escándalo en Francia llegó hasta Emmanuel Macron, mandamás del Estado, que presionó a través de sus ministros por la salida tade Le Graët y de la entrenadora Corinne Diacre, despedida ayer, y una de las máximas señaladas por las futbolistas de la selección.
Ante lo sucedido, futbolistas en todo el mundo empezaron a reaccionar. También el jueves, en medio de la tormenta del combinado francés, la mejor jugadora del mundo, Alexia Putellas, explicó en una entrevista que lo que pasó en Francia es un caso similar al que pasa en España, donde, en septiembre del año pasado, 15 jugadoras renunciaron a la selección en pro de sus derechos y pidiendo la renuncia del entrenador Jorge Vilda por falta de garantías en su preparación deportiva. Y aunque Putellas no ha decidido apartarse del equipo, sí aseguró que “no somos rebeldes. Es agotador tener que estar reclamando mejoras constantemente para rendir mejor”.
De hecho, Putellas recordó el caso de los vetos en Colombia y lo comparó con la situación que viven varias futbolistas en Europa. “Las jugadoras de Colombia también lo vivieron, y en su momento Estados Unidos. Nosotras estamos luchando por una apuesta decidida, un proyecto profesional en el que se cuiden todos los aspectos para sacar el mejor rendimiento a un grupo de jugadoras con las que consideramos que se pueden conseguir más y mejores objetivos”, sentenció la reciente ganadora del The Best de la FIFA y de los dos últimos Balones de Oro.
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De hecho, a propósito de las estadounidenses, hace dos semanas en Canadá, mientras Renard renunciaba al Mundial, se confirmó la salida de Nick Bontis, presidente de la Federación canadiense, en medio de una profunda disputa con los futbolistas de las dos ramas, en la que las jugadoras pedían que se igualaran los salarios en paridad para hombres y mujeres, como sucede con el combinado estadounidense, pionero en este tipo de políticas.
Lo generado por Wendie Renard, el quiebre al que se enfrenta el fútbol femenino, no es gratuito. La francesa, capitana del Lyon (el equipo más grande del fútbol femenino), es referente absoluto con 15 ligas en Francia (14 consecutivas, de 2006 a 2020), nueve copas de Francia, dos Supercopas y ocho Champions League.
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Solo faltan cuatro meses para que comience el Mundial en medio de esta crisis que afecta a varias selecciones, pues ante lo sucedido en Francia se pronunciaron en apoyo a Renard figuras como Ada Hegerberg (Noruega), Lucy Bronze (Inglaterra), Alex Morgan y Megan Rapinoe (Estados Unidos).
Colombia, que precisamente lleva años de lucha por la garantía laboral de las futbolistas, estará en el Mundial y su ejemplo, como dijo Putellas, actualmente sirve para las selecciones más grandes en el panorama global, que alzan la voz para que sus derechos sean respetados.
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