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Adornarse

Julián Posada
12 de septiembre de 2008 – 08:09 p. m.

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La sociedad colombiana eligió la opción simplista de parecerse al matón, asumió el lenguaje que lo identificase con él y le permitiese confundirse para “supuestamente” no ser eliminada, las palabras se incorporan como herramientas de identidad, pero el encuentro no sólo se produce allí: la estética también lo resume.

La ostentación y el desafío visual parecen ser una constante que sorprendentemente seduce a unos y otros sectores sociales por igual. Hay marcas y productos que atrapan al colombiano común, que ingenuamente cree que diseñar es adornar, por eso a muchos de nuestros productos se les añade brillo, se dibujan en exceso o se les cuelgan cosas; el “silencio” y la simpleza nos asustan, mientras que son el adorno y los abalorios los que nos seducen.

La ombliguera, el superdescaderado, el brillo, la ostentación, son estéticas que asumimos de inmediato y que muchos emplean para insertarse socialmente o simplemente para llamar la atención de la “víctima” potencial, porque en este círculo como en ninguno otro el vestido está hecho para seducir y en ocasiones permite asumir el rol del otro.

Los medios han contribuido fuertemente a imponer la estética del género narco; las cirugías, los vestidos, las poses y en general la actitud de la gran mayoría de las presentadoras de farándula, reflejan los nuevos cánones estéticos… la televisión, algunas revistas y la publicidad son los masificadores del fenómeno, el photoshop y la posibilidad de transformar en bellas y bronceadas a mujeres que en persona son la propaganda viva al botox, han conseguido distorsionar y unificar la idea de bello que hoy predomina.

Los hombres, por su parte, pasaron de la cadena y el reloj de oro a las serpientes, calaveras, rosas y otros motivos más… los precios de esta estética son astronómicos y están al alcance de una minoría, pero lo que podría ser motivo real de estudio es la abundancia de taches, lentejuelas, laminados y cristales de swarovski que adornan las prendas masculinas y que hacen palidecer de envidia a cualquiera de las candidatas al reinado en Cartagena. Estos supermachos han asumido una actitud que refleja un hedonismo suave que en apariencia no poseen… ojalá éste ayude a transformarlos y sensibilizarlos y así les añada algo de ética.

jposada@ideologica.com.co

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