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Economía y exclusión

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Los economistas tienen un rol preferencial en crear y difundir conceptos y/o teorías que terminan influenciado las políticas adoptadas por hemisferios enteros. Ejemplos de dicha influencia son la política de sustitución de importaciones de la CEPAL, las políticas neoliberales del Consenso Washington y los recientes (fallidos) sistemas offsets para reducir el calentamiento global. Sin embargo, a pesar de su bien ganada reputación, la economía como ciencia social es una de las más excluyentes dados sus bajos niveles de diversidad y su potencial vulnerabilidad frente a sesgos contra los pobres y las minorías raciales. Si bien es cierto que los políticos, sus coaliciones y estrategias electorales predominan en definir los planes de gobierno, la mayoría de los países democráticos escogen normalmente a un economista para trabajar en órganos claves para las políticas sociales, monetarias y fiscales.

Dada la posición de influencia de los economistas dentro de entidades gubernamentales y centros de investigación, resulta sumamente preocupante que esta sea una de las disciplinas más influyentes y al mismo tiempo excluyentes en comparación con otras áreas del conocimiento. Los resultados presentados por un reciente estudio de los investigadores Robert Schultz y Anna Stansbury, asociados con el Peterson Institute for International Economics, sugieren que la mayoría de doctores en economía provienen de hogares privilegiados donde los padres poseen títulos profesionales: en la última década aproximadamente sólo uno de cada 10 doctores en economía en Estados Unidos proviene de hogares donde ni el padre ni la madre obtuvieron un título universitario; estos estudiantes son mejor conocidos como estudiantes de primera generación. Es decir que aquellos jóvenes con talento pero sin la fortuna de haber tenido un padre o una madre profesional enfrentan barreras que, sin tener relación con su talento, resultan en un abismo contundente para convertirse en investigadores a nivel de doctorado. Otras disciplinas, según Schultz y Stansbury, tienen una proporción más incluyente de doctores: uno de cada cuatro doctores es primera generación. El estudio de Schultz y Stansbury muestra a la población negra y latina como grupos étnicos con escasa representación en el selecto grupo de doctores o profesionales en economía.

La anterior discusión es relevante para Colombia, donde las cifras de investigación deprimen y la educación de calidad aún es un privilegio. Sin negar las ventajas que le ha generado al país tener profesionales sólidos en el manejo de las finanzas públicas, observar los gabinetes presidenciales es mirar en un espejo al país conservador donde la tradición de privilegiar a nuestros amigos perdura. Sin dudar de la calidad de reconocidos académicos que han fungido en pasados gabinetes ministeriales, el hecho de tener toda una historia de políticas públicas escritas por individuos con similares características socioeconómicas posiblemente es contraproducente. Debe preocupar que los arquitectos de las políticas sociales carecen del suficiente acervo para afrontar el racismo cultural que por generaciones ha marginado al Chocó o a Buenaventura a la caridad electorera de cada cuatro años.

David F. Castro Peña. Magíster en Políticas Públicas, Universidad de California, San Diego. Ingeniero industrial, Universidad Sergio Arboleda.

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