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En Suramérica las oportunidades para competir al más alto nivel no abundan. Por eso, cada edición de la Copa Colsanitas Colsubsidio tiene un peso especial. Es un torneo de entrada al circuito que sirve de plataforma para sumar puntos y de vitrina que, durante casi tres décadas, impulsó el tenis femenino en Colombia y la región.
Este año Bogotá volvió a ser sede de un WTA 250, que reúne a jugadoras de más de 25 países y sigue consolidándose como uno de los eventos deportivos más importantes del continente. La competencia comenzó el 30 de marzo y se extenderá hasta el domingo 5 de abril.
“Gracias a la ayuda de la empresa privada y del sector público, que ha invertido en este torneo por 28 años, muchas jugadoras colombianas han podido ascender en el escalafón del ranquin WTA”, explicó Mónica Vélez, directora del torneo.
El caso de las principales raquetas del país refleja esa evolución. “Hace cuatro o cinco años Camila y Emiliana entraron por carta de invitación, porque no tenían los puntos. Da mucha alegría ver que gracias a su proceso deportivo ahora entran por derecho propio”, afirmó Vélez.
Para las jugadoras latinoamericanas el valor de este escenario es aún mayor. La escasez de torneos en la región convierte a Bogotá en una parada estratégica dentro del calendario. “Es muy importante para nosotros, las latinoamericanas, tener este torneo acá en Suramérica. Nos da la oportunidad de jugar y conseguir puntos acá. No hay más torneos 250”, señaló Camila Osorio en la antesala de su debut.
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Pero el alcance de la Copa Colsanitas va más allá de la competencia. Su impacto también se siente en la economía y en la vida de la ciudad. Durante semanas el torneo activa sectores como hotelería, transporte, gastronomía y comercio. “Este es un espectáculo que genera afición y aleja a la juventud de los malos caminos. Asimismo, es un generador de empleo que permite activar la economía de la ciudad”, aseguró la representante del torneo.
Esa apuesta ha ido acompañada de una evolución constante para mantenerse a la altura del circuito internacional. En 2026, una de las principales novedades será la implementación del sistema Electronic Line Calling (ELC), una tecnología que automatiza las decisiones sobre las líneas.
“Este sistema conecta sonido, pantallas, cámaras y sensores. Viene un nuevo equipo de personas a trabajar en este proyecto, vienen compañías extranjeras a implementar esta tecnología acá”, comentó la directora.
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A la par de lo técnico, la organización trabajó en la experiencia del público. La coincidencia con Semana Santa abre una oportunidad para atraer a más asistentes, con mejoras en infraestructura, gastronomía y entretenimiento. “Estos torneos deportivos se vuelven, al igual que un concierto, una experiencia completa. Nosotros competimos contra ellos, porque al final son los lugares donde la gente decide gastar la plata”, indicó Vélez.
En lo deportivo, la atención vuelve a centrarse en Camila Osorio, quien llega como tricampeona y principal carta del país. Más allá de los resultados, la colombiana ha hecho énfasis en su momento personal dentro del circuito. “Lo único que traté de hacer el año pasado y quiero hacer durante este año es sonreír y sentirme feliz jugando al tenis. Quiero entrar a la cancha y poder disfrutar. Porque jugar al tenis profesional era un sueño que tenía desde que era muy pequeña, y lo he logrado”, resaltó la raqueta número uno del país.
Esa conexión con el juego también se refleja en su relación con el público local. “Estoy muy feliz de estar nuevamente en casa… para mí siempre va a ser un honor poder jugar en casa, me lo disfruto al máximo”, dijo Osorio en la previa del torneo.
El vínculo entre jugadoras y afición es precisamente uno de los pilares del evento. La posibilidad de ver talento local frente a rivales internacionales refuerza el interés del público y consolida la identidad del torneo.
El debut para las máximas representantes del país fue positivo. Camila Osorio tuvo que sufrir en un primer set exigente, que perdió en el tiebreak, pero logró remontar con dos parciales arrolladores y terminar con el resultado a su favor 7-6, 6-2 y 6-1 sobre la norteamericana Caroline Dolehide. En la próxima ronda enfrentará a la argentina Jazmín Ortenzi. La cucuteña buscará igualar la marca de Fabiola Zuluaga, quien consiguió cuatro trofeos en este certamen.
Por su parte, Emiliana Arango no comenzó bien las primeras bolas del partido y cayó en el primer set 6-1; sin embargo, se recuperó de gran manera y se impuso en los siguientes sets 6-2 y 6-0. Ahora la antioqueña se medirá en segunda ronda con la española Guiomar Maristany.
Mientras nuestras mejores raquetas buscan mantener el título en casa, hacia el futuro, el desafío es crecer sin perder esa esencia. Más capacidad, mayor alcance televisivo y una audiencia más amplia son parte de los objetivos propuestos.
En esa meta se resume el papel de la Copa Colsanitas: no solo como evento deportivo, sino una plataforma que impulsa carreras, mueva la economía y le dé al tenis femenino un lugar propio en la región. Bogotá sostiene un escenario donde se compite, sí, pero también se sueña.

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