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EN CASI TODOS LOS PAÍSES DEL MUNdo democrático hay preocupación por el debilitamiento de los partidos políticos. En tanto se argumenta por la necesidad de fortalecerlos, no se aportan muchas ideas concretas sobre cómo hacerlo.
El problema reside en que es muy difícil definir su naturaleza y sus objetivos en sociedades en las cuales el tiempo libre de los ciudadanos está saturado de ofertas y alternativas que compiten con las que ofrecen los partidos políticos. En ese sentido, el mundo de hoy es radicalmente diferente al de hace apenas unas pocas décadas.
Para comenzar, la naturaleza de los partidos no es fácil de definir porque, de acuerdo con el enfoque de la acción colectiva, son organizaciones que proveen bienes públicos a sus miembros. Y con la provisión de bienes públicos es necesario aclarar dos problemas centrales. En primer lugar, es muy difícil precisar cuáles son los bienes públicos que provee un partido político a sus miembros, en particular a los de la base.
Entre otros, dichos bienes públicos pueden ser un sentido de pertenencia, una expectativa de que el partido logrará algún día el poder, un sueño de cambiar la sociedad, quizás una promesa de un cargo público. En un club, en una parroquia o en una asociación gremial dichos bienes públicos son más fáciles de precisar. El segundo gran obstáculo para la consolidación de los partidos tiene que ver con la naturaleza misma de todos los bienes públicos. A diferencia de los bienes y servicios que proveen los mercados, el consumo de un bien público por parte de un individuo no disminuye el de otro, además, nadie puede impedir que otra persona lo consuma.
Un buen ejemplo es la iluminación de una calle. La claridad que yo logro al recorrerla no es a costa de oscuridad para el que viene atrás. Y tampoco puedo hacer que el que venga atrás camine a oscuras. Estas características de los bienes públicos hacen que las dificultades de organización crezcan proporcionalmente con el número de miembros.
Así, para los ciudadanos comunes y corrientes un profesor, un sastre o un estudiante los costos de militar y promover acciones que impulsen la causa de un partido pueden ser muchísimo mayores que sus beneficios, los cuales se distribuyen entre cientos, quizá miles de personas. Además, esos individuos se pueden beneficiar de las acciones del partido sin necesidad de pertenecer a ellos.
Por todas estas razones, los militantes más activos de los partidos suelen ser, principalmente, los políticos profesionales, como los parlamentarios, o gente ya jubilada, o personas con recursos propios que les permite dedicar mucho tiempo a la política sin necesidad de tener empleos formales. Los demás ciudadanos están fundamentalmente volcados sobre su privacidad, la familia, el trabajo y, en su tiempo libre, mirando la televisión o conectados a las ofertas y servicios de la internet, o vinculados a clubes deportivos, a las parroquias, a organizaciones de beneficencia.
Para muchos, su actividad política se limita a escuchar pasivamente las opiniones de los políticos en los medios de comunicación y a votar en las elecciones. Los partidos y movimientos políticos del futuro serán aquellos que definan con mucha claridad los bienes públicos que ofrecen a sus militantes y comprendan que, en el mundo de hoy, los ciudadanos están volcados sobre una privacidad saturada de alternativas.
En particular, los más exitosos serán los que tengan estructuras muy flexibles y abiertas, y aprovechen los nuevos medios de comunicación masiva, como la internet y la telefonía móvil, para vincular a sus miembros desde sus lugares de trabajo y de residencia.