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LA OLIMPIADA PUDIERA SER TAN sólo un evento deportivo, pero es difícil no interpretar mensajes de mayor importancia en los resultados, especialmente cuando vemos cómo China y Estados Unidos han dominado el cuadro de medallas. Ambos países pueden ver y verán sus éxitos olímpicos como reafirmaciones de sus sistemas políticos, claramente distintos.
No obstante, lo que me asombra en verdad es cuánto podrían aprender uno del otro. Esto, como dicen, es un momento para aprender. Llamémosle: una Olimpiada, dos sistemas.
¿Cómo es eso? No es posible ver al equipo olímpico de Estados Unidos y dejar de percibir la fuerza que viene de la diversidad, al tiempo que no se puede ver al equipo chino y no ver la fuerza que viene de un intenso enfoque y poder concentrado.
Empecemos por nosotros. Al caminar por la Villa Olímpica el otro día, aquí está lo que me causó un mayor impacto: el equipo ruso se ve totalmente ruso; el equipo africano se ve totalmente africano; el equipo chino se ve totalmente chino; y el equipo estadounidense se ve como todos ellos.
Esto es particularmente cierto cuando se incluye a los entrenadores: Laing Chow, el entrenador de la gimnasta Shawn Johnson, de Iowa, fue uno de los populares capitanes del equipo nacional de gimnasia de China en los años 80, antes que emigrara a Des Mohines Occidental. El equipo femenil de voleibol de Estados Unidos era entrenado por una ex jugadora china, Jenny Lang Ping, cuando derrotó a China hace ya unos cuantos días atrás. Lang, quien fue héroe nacional en China, condujo al equipo chino a la medalla de oro en la Olimpiada de Los Ángeles, en 1984. Sería como si Michael Jordan entrenara al equipo de baloncesto chino para ganarle a Estados Unidos.
Prensa Asociada (AP) informa que hay 33 jugadores nacidos en el extranjero en el equipo olímpico de Estados Unidos, incluidos cuatro jugadores de ping-pong nacidos en China, un kayaquista del Reino Unido, siete integrantes del equipo de atletismo; así como López Lonong, uno de los Muchachos Perdidos de la guerra civil de Sudán, quien fue reubicado en Estados Unidos por Catholic Charities, y Leo Manzano, hijo de un inmigrante mexicano indocumentado, el cual trabajó como jornalero. Él se mudó a Estados Unidos cuando tenía cuatro años de edad, pero no obtuvo la ciudadanía estadounidense sino hasta 2004.
Resulta asombroso que con tan buenos resultados de nuestro equipo olímpico similar al Arca de Noé, “al mismo tiempo exista una presión cada vez mayor en Estados Unidos con miras a restringir la inmigración”, comentó Robert Hormats, vicepresidente de Goldman Sachs International. “Algunas personas quieren sofocar el elemento mismo que nos vuelve fuertes y únicos”.
China también podría aprender algo de nuestro equipo olímpico: el poder que llega de una firme sociedad, entretejida por muchas hebras de abajo a arriba. Por ejemplo, es difícil conducir por Pekín en las últimas fechas y no disfrutar del menor tráfico vehicular y el cielo azul —que en buena medida son el resultado de las órdenes de China hacia sus motoristas para que salieran de los caminos, aunado al cierre de fábricas—, y no preguntarse cómo estos cambios podrían sostenerse después de la Olimpiada. Muchos chinos con los que hablé preguntaron: “¿Cómo podemos conservar esto? Ahora que hemos visto cómo puede ser realmente el cielo azul, nosotros no queremos perderlo”.
Sin embargo, el problema en China es que el ambientalismo es un movimiento de las bases populares que va subiendo hasta los niveles más altos en el resto del mundo. Si bien requiere de un firme gobierno para aprobar regulaciones que vienen desde arriba, tampoco puede funcionar sin una firme e independiente sociedad civil que actúe como un firme vigilante, apuntando el reflector de la atención popular sobre contaminadores y entablando demandas legales en contra de negocios que no cumplan con las normas. China puede ser verde a lo largo de las dos semanas que dura la Olimpiada, de arriba hacia abajo, pero no puede ser verde o ecologista durante los 20 años siguientes sin más de esta tendencia al revés, de abajo hacia arriba.
Una vez dicho lo anterior, hay algunas cosas que nosotros podríamos aprender de China, como la capacidad de concentrarse en grandes objetivos en el largo plazo, enfocados a erigir una nación y asegurarse que se materialicen. Un amigo académico, quien es chino, me dice que el éxito de la Olimpiada ya está impulsando a algunos altos funcionarios a argumentar que solamente una China dirigida por un fuerte Partido Comunista, con una estructura descendente o de arriba abajo, podría haber organizado los pasmosos proyectos de construcción en torno a esta Olimpiada y el enfocado desempeño de tantos atletas chinos en diferentes categorías. Por ejemplo, los chinos no tienen tradición de equipos de remo, pero en estos Juegos Olímpicos, de la nada, Pekín presentó una tripulación femenil cuádruple que ganó la primera medalla olímpica de oro en canotaje.
Para nosotros, los estadounidenses, la lección seguramente no es que nos haga falta un gobierno autoritario. La lección es que necesitamos hacer que nuestra democracia funcione mejor. El equipo varonil de baloncesto de los estadounidenses tuvo un desempeño pobre en la última Olimpiada debido a que no pudo jugar como equipo. Así que nuestras estrellas fueron derrotadas por jugadores inferiores que tuvieron mejor trabajo de equipo. El equipo estadounidense de baloncesto aprendió la lección.
Por otra parte, el Congreso de Estados Unidos ha empeorado. Nuestra democracia se siente cada vez más paralizada debido a que la colaboración en Washington se ha vuelto casi imposible, ya sea debido al dinero, manipulaciones, un ciclo noticioso de 24 horas o la permanente campaña presidencial. Y debido a lo anterior, fuera de los deportes se ha visto disminuida nuestra capacidad de enfocar las increíbles energías de las bases a la cumbre en Estados Unidos. Se puede ver esto en nuestra decrépita infraestructura e incapacidad de darle forma a un verdadero programa de energía. China se siente concentrada. Nosotros nos sentimos distraídos.
Así que sí, Estados Unidos y China deberían disfrutar sus medallas, pero también deberíamos reflexionar con respecto a cómo fue que el otro equipo ganó tantas.
* Ganador de su tercer Premio Pulitzer a comentarios editoriales en 2002 por sus columnas en ‘The New York Times’. c.2008 – The New York Times News Service.