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Chamanes cuánticos

Klaus Ziegler
27 de agosto de 2008 – 09:22 p. m.

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Un reconocido médico alternativo escribía hace poco: “Las manos emiten campos cuyo efecto es similar al de potentes campos magnéticos, capaces de modificar el crecimiento de las bacterias y acelerar la cicatrización de las heridas”. Y sin ningún respeto por la física afirmaba: “Las células, el hombre y la Tierra son imanes con polaridades magnéticas bien definidas”.

El artificio para lograr el engaño con este tipo de tonterías consiste en hacer un uso convincente de la terminología científica. Un acreditado instituto de medicina cuántica, por ejemplo, resume así su sistema terapéutico: “Las ondas electromagnéticas son el medio de comunicación entre los átomos. En la comunicación intercelular, dichas ondas se encuentran en concordancia, pero cuando dicho mecanismo se altera, los campos magnéticos de las células emiten ondas patológicas. Mediante un Sistema Terapéutico de Campo Cuántico es posible suprimir las ondas indeseables y en consecuencia curar las patologías”.

El supuesto principio de acción terapéutica no pasa de ser una trivialidad envuelta en un ropaje de aparente rigor científico: las células pueden estar en “concordancia” o en “disonancia”. Normalmente las células están en concordancia, pero cuando se está enfermo es porque hay disonancia, que es restaurada mágicamente por el sistema cuántico.

Por supuesto que nunca se explica cómo se detectan estas “ondas patológicas”, ni cómo se distinguen de las “ondas normales”; tampoco en qué consiste el misterioso campo cuántico, ni cómo interactúa con las “ondas patológicas”; o si el misterioso agente sirve para curar algunas patologías o si es efectivo para todas.

Y lo que es peor, independiente de la validez empírica que pueda tener la teoría, lo primero que habría que demostrar es su eficacia. Pero como ocurre con todos estos tratamientos alternativos, las pruebas experimentales se basan exclusivamente en el testimonio de los mismos practicantes o en evidencias anecdóticas.

De hecho, cuando su eficacia ha sido sometida a prueba en experimentos rigurosamente controlados, se ha demostrado que ésta nunca ha superado la del efecto placebo. Por esta razón, el biólogo inglés Richard Dawkins definió las medicinas alternativas como “ese conjunto de prácticas que usualmente no pueden ser sometidas a prueba, y que cuando lo son, fallan sistemáticamente”.

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