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El piano afectivo

El músico peruano Juan José Chuquisengo, destacada figura de la escena clásica, interpretará en Colombia obras de Bach, Beethoven y Ravel, pero también incluirá piezas del repertorio americano.

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Juan José Chuquisengo tiene la suficiente modestia para dejar que brille la música y ocupar, con su figura y todos sus sentidos, el lugar secundario que le corresponde. Sobre el escenario no es más que un vehículo por el que transitan notas musicales, muchos sentimientos encontrados y una fila eterna de influencias de aquí y de allá, que sólo ceden la vía cuando sospechan la aproximación de otras manifestaciones, como las disciplinas visuales, las marciales o los desarrollos filosóficos, con igual o más arraigo en él que las propias artes sonoras.

No pertenece a una estirpe de músicos que se haya dedicado durante siglos a apreciar la evolución de los grandes compositores clásicos. Ese relato no es fiel a su historia. El primer piano de su casa lo obtuvo su padre después de sacarle provecho a un negocio. Le costó no más de cinco dólares y el mueble de dimensiones asombrosas llegó, en primera medida, a quitarle espacio a los juegos infantiles de Juan José Chuquisengo, pero luego se convertiría en el principal motor para su imaginación.

El músico peruano comenzó a relacionarse con el instrumento de manera autodidacta. Se sentaba frente a él y, un poco, esperaba a que el piano tomara la iniciativa. Al fin y al cabo era mayor, más grande y con más experiencia. Al poco tiempo, la impulsividad le ganó el pulso y empezó a tratar de imitar con las teclas, los sonidos y las melodías que aparecían en la radio del momento. Para Chuquisengo era relativamente fácil el ejercicio de reproducir lo que escuchaba. Su oído y la destreza con los dedos lo impulsaron a convertir en un saber académico lo que ya sabía por intuición, así que estudió piano clásico en el Conservatorio Nacional de Lima. Su maestra fue Elena Ichikawa, pero para no abandonar el escenario autodidacta siguió alimentándose de escenarios cotidianos, como el toque en los bares y los recitales en las iglesias.

Juan José Chuquisengo ganó los más importantes concursos de música en Lima. Su recorrido y, sobre todo, la mezcla entre el dominio de la música clásica europea con la facilidad para interpretar a los autores de América Latina lo llevaron a ganar una beca otorgada por el gobierno alemán. Durante varios años se radicó en Múnich y allí estudió en el Instituto Superior de Música con el reconocido maestro Klaus Schilde, aunque complementó su formación con personalidades como Maurizio Pollini, Murray Perahia, Menahem Pressler y Jorge Bolet.

Sin embargo, dentro de este grupo plagado de talento falta mencionar a quien puede ser hasta ahora la mayor influencia para Chuquisengo: el director de orquesta rumano Sergiu Celibidache (1912 – 1996), quien además de instruirlo en todo lo relacionado con las artes, lo guió en algunas de sus decisiones más significativas.

“Juan José Chuquisengo posee una profunda sensibilidad que nunca se sitúa por encima de la música sino que busca transmitir en su ejecución la correspondencia entre ella y el mundo de las emociones humanas sin intervención del ego. Esto unido a un agudo sentido de las auténticas relaciones musicales, es decir, la capacidad de integrar en una relación inequívoca, la multiplicidad de fenómenos sonoros que obran en el tiempo y trasladarlos a la realidad audible y vivencial. Él es un músico de altísimo nivel y estoy seguro de que tiene un gran futuro por delante”, comentó Celibidache a finales de la década de los 80, y eso le significó un impulso internacional incalculable.

“El trabajo con Celibidache me abrió la posibilidad de traspasar los límites de lo puramente subjetivo y penetrar en los principios activos que establecen el vínculo entre sonido, música y el mundo afectivo del hombre”, expresó Juan José Chuquisengo, quien cree que el trabajo con la música es más cercano a la labor artesanal que al quehacer artístico.

El pianista peruano ha recibido distinciones como las del Kennedy Center for the Performing Arts, ha realizado conciertos exigentes en más de cuarenta naciones, ha tenido el acompañamiento de las más prestigiosas orquestas sinfónicas de América y Europa, y sus trabajos discográficos han aparecido en el mercado bajo el sello exclusivo de Sony Classical. En la actualidad, sus recitales son una mezcla efectiva entre las creaciones de Johann Sebastian Bach (1685 – 1750), Ludwig van Beethoven (1770 – 1827) y Maurice Ravel (1875 – 1937), con aires del folclor de América Latina en piezas de Roberto Carpio (1900 – 1986), Enrique Iturriaga (1918) y Alberto Ginastera (1916 – 1983).

Chuquisengo está en Colombia con su maestría, su trayectoria, su sensibilidad, pero sobre todo con su facilidad para hacer de la música una experiencia afectiva.

Martes, 8 de mayo, a las 7:00 p.m. Auditorio Mario Laserna, calle 19A Nº 1-82 (este).

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