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Por Hernán Velandia Palomino
Más importante que desaparecer un recuerdo físico de la triste historia nacional escrita por la peor generación delincuencial de este país, debería demolerse esa absurda normatividad libertina de hacerle apología televisiva, que burila en la mente de nuevas generaciones que no la vivieron, el sueño del poder maligno y de una vida de placeres y ostentosidad sin el menor esfuerzo.
Muy loable la intención del valeroso alcalde de Medellín, quien con un criterio de sana convivencia quiere pasar al olvido las nefastas experiencias que tuvo que soportar la sociedad colombiana, principalmente el departamento de Antioquia y su otrora sufrida capital.
Todos al unísono, desde las grandes ciudades hasta los rincones de la Colombia profunda, debemos aplaudir y respaldar esta novedosa propuesta cultural de renovación en los auténticos valores sociales, que debe trasladarse a todos los escenarios de nuestro devenir nacional, camino a dejar a nuestros descendientes una heredad digna de ser vivida sin estigmatizaciones en ningún lugar del mundo.
El pueblo paisa debe reservar un espacio importante para reescribir su origen pujante, diseñado desde esos duros caminos de herradura donde su economía se forjaba con la lucha diaria, honesta y creativa y que terminó siendo usurpada por la dinámica facilista de hacerse camino aun a costa de la vida de sus coterráneos.
Retomo sobre los programas de nuestra televisión que si bien generan recursos económicos importantes para escritores, guionistas, actores, productores y canales comerciales, hacen un gran mal a iniciativas como la del alcalde Federico Gutiérrez, pues mientras muy pocos se enteran de estas ocasionales y positivas propuestas, a diario llegan a todos los hogares colombianos donde mujeres y hombres menores, adolescentes y adultos somos audiencia cautiva del permanente elogio nacional e internacional de este denigrante mundo del narcotráfico.
El valor supremo de la dignidad nacional ha sido desplazado por los intereses comerciales que favorecen a unos pocos, en detrimento de muchos que amamos esta nación que nos es cara y que solamente se menciona en propuestas políticas, donde se olvida el verdadero sentido de la palabra patria, pues no la viven realmente si no que la presumen para sus propósitos personales y grupales.
Al ámbito académico de todos los niveles debe regresar fortalecida la enseñanza de nuestra historia patria para que quienes estén forjándose en las aulas en el presente y futuro no reciban la interesada historia contada desde los libretos de la televisión. También la educación cívica debe retomarse para que sus comportamientos sean acordes con una buena vecindad, porque en este país hay que recuperar el respeto de unos por otros siendo este el mejor aporte para la recuperación definitiva de la paz.
Intentemos desde esta invaluable propuesta del alcalde de Medellín la construcción de una plataforma cultural y académica que nos saque de esa impuesta cuadrícula mental de que hay formas más fáciles y rentables de adquirir bienes y riquezas. Adicionalmente, esta debe ser aplicada a todos los niveles de dirigencia nacional ahora que intentamos reconciliarnos como hermanos. Hernán Velandia Palomino