Loca tristeza

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Por Henry Robinson*

Creo que los primeros recuerdos que tengo de mi hermana Kate son de ella enseñándome a secarme entre los dedos de los pies y limpiando mi ojo infectado con una parte diferente de la toalla para no extender la infección…

Crecimos en una familia de 18 (así es, 18), todos hijos del mismo padre y la misma madre: para nosotros era algo normal; uno nunca ve el número, sólo a sus hermanos y hermanas.

Kate era muy creyente en Dios, igual que mi madre. Yo nunca lo entendí. Creo que Dios murió para mí en algún lugar entre los escombros de Irlanda del Norte.

Había deseado tanto que venciera el cáncer. En realidad, estaba seguro de que lo iba a hacer. Pensaba que era indestructible… resultó que no lo era. Igual que con tantos otros como ella, el cáncer ganó. Pero, saben qué, no lo hizo. No realmente, porque al final ella, sin dejarse vencer, sin dejarse doblegar, peleaba con la clase de valor, la clase de fortaleza inquebrantable y el coraje que vienen de la esperanza. Porque esta era una persona que entendía verdaderamente el valor y el poder de la esperanza y cómo despertarla en otros.

En 1981, cuando tenía 19 años, terminé en la cárcel por dispararle a un rival en el conflicto de Irlanda del Norte. Y ese tiempo me iba a costar mucho porque, a diferencia de otros, no tenía la posibilidad de perderme en un libro para soportarlo mejor. Escasamente sabía leer; en realidad, apenas podía leer.

Así que fue una sorpresa cuando, semanas después de ser encarcelado, recibí un paquete de Kate, que abrí frenéticamente para descubrir con decepción las obras completas del gran novelista inglés D. H. Lawrence. Mientras sacaba los pesados tomos pensaba: ¡Kate está loca! ¡Sabe que no puedo leer esto!

Y luego lo encontré: ¡un diccionario!

Así era Kate. Tan inteligente como bondadosa.

Tan pronto como las puertas de la cárcel se cerraron detrás de mí, ella me abrió las puertas a un mundo nuevo, el mundo de Hijos y amantes, Mujeres enamoradas, El arcoíris, El amante de Lady Chatterley y los poderosos retratos que Lawrence hace del amor. Ese nuevo reino de la imaginación hizo mucho para cambiar mi actitud hacia la paz y los “problemas” de Irlanda del Norte. Y mucho después, también jugó un pequeño papel en el proceso de paz colombiano, cuando pude brindarle mi apoyo a Juan Manuel Santos y a su larga campaña para acabar con esa guerra demente.

Esto es lo que sé ahora… los hermanos y las hermanas y la familia son lo único que queda al final. La pura verdad es que la humanidad no puede existir sin ellos. Así que sí, Kate perdió su discusión contra el cáncer, pero su enfermedad no puede ser ni nunca será lo que la define. Sólo lo que la ha sdio escrito sobre ella puede definirla.

Pero Dylan lo dice mucho mejor que lo que yo jamás podría hacerlo en Mr. Tambourine Man:

“Hazme desaparecer a través de los anillos de humo de mi mente / Bajo las nebulosas ruinas del tiempo, más allá de las hojas congeladas / De los embrujados y asustados árboles, fuera, hasta la ventosa playa / Lejos del retorcido alcance de la loca tristeza”.

Para Kate.

* Exmiembro del IRA irlandés.

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