“El otro” que hace goles

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El otro, el doble y la otredad se han convertido en tema central de la filosofía, la psicología y el psicoanálisis, pero, sobre todo, es un lugar paradojal en la literatura. Platón escribió El mito de la caverna en el que dejó entrever que somos duales. Freud y Jung desplegaron teóricamente esa idea de que no hay univocidad y, más bien, se trata de una personalidad múltiple en la condición humana. Poe escribió William Wilson, un cuento que analiza esta temática de uno en otro y otros en otros, como una especie de sombra que se encarna y lucha constantemente por ser de otra parte.

El hombre duplicado, de Saramago. Lejana, de Cortázar, El doble, de Dostoievski, y La desesperación, de Vladimir Nabokov, atienden de manera estética a esta problemática que se le plantea al ser humano desde que nace: ¿identidad, yoidad? ¿Quién soy? El 22 de junio de 1986, en el estadio Azteca, Maradona hizo un gol que ha sido bautizado como el gol del siglo XX. Tomó el balón en su propio campo, se fue hasta la portería contraria, pero antes “desnudó” a cinco rivales ingleses y “encholó”. Todavía se oyen los ecos de los narradores de este partido.

Maradona jamás hubiera pensado que 21 años después, otro ensimismado haría la misma jugada. El miércoles 18 de abril de 2007, Lionel Messi, hizo, como calco magistral, la misma obra de arte contra Getafe. Ambos son zurdos, tienen tatuado el 10 en sus camisetas, miden menos de 1,60 y hacen goles mágicos. Hoffman escribió Los elíxires del diablo. Gautier La muerta enamorada y Stevenson El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Obras que dejan la sensación de que nos repetimos en otro y en otra parte, que no somos lo que somos, que hay otros que se llaman y parecen iguales. Maradona y Messi se fusionaron, se hicieron uno en el fútbol y en el gol, se complementan. ¿Duplicados? Dos seres humanos con caminos, tiempos y tragedias distintas, pero con un destino idéntico: hacer gozar y rabiar a los espectadores de un deporte injusto, selectivo, apasionado y demasiado azaroso. Ambos goles fueron marcados después de recorrer 55 metros en 12 segundos.

Eso del tiempo y del espacio es lo que dura una carrera hacia la gloria, pero también es lo que dura la vida y eso somos: tiempo y espacio en contra de todos y de nada. La genialidad está emparentada recíprocamente con la intensidad del dolor y con el grado de la tragedia. Nacieron en la tierra del tango: esa música triste que se baila, como diría Borges en uno de sus ensayos. La tierra de los duplicados pero, paradójicamente, la tierra de las dictaduras en las que desaparecieron muchos jóvenes que salvarían sus vidas a través de la escritura de cuentos o “encholando” goles bonitos.

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