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El público infantil le enseñó a Iva Milosevic que cada segundo sobre las tablas debe ser bien aprovechado. La directora serbia, graduada de la facultad de artes de Belgrado, ha tenido a su cargo el montaje de varias producciones destinadas a los niños, y gracias a esas oportunidades ha podido identificar que, así pasen los años como un cohete, el espíritu novato se conserva y el arte está hecho para complacerlo algunas veces y otras para cuestionarlo.
Con textos como La Sirenita, El lobo y los siete niños y La princesa y el sapo, Milosevic exploró las posibilidades de las artes escénicas y profundizó en el hecho de entenderlas como procesos de comunicación, en los que la norma era evitar por todos los medios que se presentaran vacíos. Con ese aprendizaje se enfrentó de manera decidida al teatro adulto para mostrar primero las realidades de Yugoslavia y luego para suministrar el contexto social, cultural y político de Serbia y las pequeñas porciones de tierra que antes conformaron su república.
Iva Milosevic tomó el vértigo y la sencillez del teatro infantil, más las riquezas del denominado teatro de autor, para salirse de su núcleo y explorar panoramas internacionales con textos que no sólo pudieran reflejar a los habitantes de su nación, sino a cualquier ser humano que tuviera el interés de ocupar una de las localidades de alguna de sus obras. En este proceso de expansión llegaron las líneas de Mirjana, del dramaturgo Ivor Martinic, uno de los más jóvenes autores en este Festival Iberoamericano de Teatro, y Milosevic se dio a la tarea de llenar de detalles su texto y convertirlo en una pieza con aristas, en la que no hay buenos ni malos.
“En esencia, Mirjana habla de la cotidianidad de varias vidas comunes y corrientes. Los personajes no son grandes héroes trágicos o protagonistas excepcionales, son personas normales que se mueven en un rango de edad entre los 30 y los 60 años”, comenta Milosevic, para quien ha sido un privilegio poder dirigir en las tablas a la reconocida actriz dramática Mirjana Karanovic, figura de cintas como Underground, Grbavica y Cuando papá se fue de viaje de negocios.
Una de las máximas satisfacciones de la directora es que este montaje le ha permitido ubicar al espectador en un terreno conocido: el del voyeurista, el chismoso que está pendiente de todo lo que sucede a su alrededor y, por lo general, tiene sus días marcados por un inmenso signo de interrogación. Para Milosevic el teatro está para divertir, para aprender, para reflexionar y, por qué no, para satisfacer el espíritu voyeurista.
Viernes 23 a martes 27 de marzo, Teatro Nacional La Castellana, calle 95 Nº 47-15. Informes: 593 6300 y www.tuboleta.com.