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SE ANUNCIA EN CALI, MALCONSIderada como la capital de la rumba, la posible y ojalá imposible implantación en los colegios y escuelas publicas de una insólita materia: la cátedra de salsa.
Alternando con aritmética, historia y geografía y a la par con gimnasia y/o educación física, la enseñanza de la salsa complementaría el pénsum académico y sería por tanto requisito sine qua non para poder pasar al año siguiente.
Aparte de que la salsa es una indudable manifestación popular que ha destronado a la llamada capital de la alegría, convirtiéndose en un ícono turístico y hasta cultural, creo que existen otras prioridades para los estudiantes de la otrora primaria.
Hablo de la cultura ciudadana que podría ser la cátedra de cívica que nos enseñaron décadas ha. Cali ha perdido su civismo en manos de la traquetocracia, lastimosamente ligada con la salsa por el cordón umbilical de los dineros fáciles y el narcotráfico.
La comunidad pide a gritos que se rescaten valores perdidos, que la civilidad aplaque la violencia, que el tejido social vuelva por sus cauces. Hoy por hoy Cali es una colcha de retazos en donde la ley del más fuerte impera en los sectores populares y en la que la rumba es la antesala de la tumba: los excesos que siempre terminan mal ocasionan la violentización en hogares y sitios públicos.
Ignoro el pénsum de la cátedra de la salsa: Salsa I, Picadito II, Iconografía de la Salsa y más aún, si serán clases magistrales o tendrán el confite de practicas entre niños y niñas.
Lo cierto es que hay prioridades más formativas, culturizantes y necesarias que enseñar por ley a bailar salsa cuando, repito, hay un boquete en la práctica de los valores.
Contentémonos los caleños con ese absurdo del tal “Museo de la Salsa”, embeleco que le costará a la ciudad, quebrada e hipotecada, la medio pendejada de 25 mil millones de pesos, mientras los huecos nos hacen parecer una ciudad bombardeada y los muchos esfuerzos de los pocos optimistas quedan sepultados por fallidos oportunismos mientras que el rancho está ardiendo.