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EL LENGUAJE DE LOS EDITORIALES DE Carlos Gaviria en Polo, el nuevo periódico del Polo Democrático Alternativo, me deja perplejo.
No entiendo por qué el jefe de un partido político de oposición, que aspira a llegar al poder en 2010, se empeña en espantar a la abrumadora mayoría de colombianos que hoy apoya a Uribe. ¿Acaso no son esos los votos que nos tenemos que ganar (¡en sólo dos años!) para dirigir el país?
Imaginémonos dentro de la cabeza de Juan, un uribista moderado. Juan está comprometido con su labor democrática de ir a votar, pero le interesan poco los detalles de la actualidad nacional. Aunque Juan votó dos veces por Uribe, y no por el señor de barba blanca ex magistrado de alguna corte, lo recuerda como un contrincante honesto y se le viene a la cabeza la imagen de un Papá Noel sabio y generoso.
Últimamente Juan ha vuelto a pensar en el señor barbudo. La posibilidad de que el Presidente se lance de nuevo lo pone nervioso; con dos períodos está bien, y conociendo a Uribe, seguro se amaña en el poder. Juan averigua que Papá Noel se llama Carlos Gaviria y que es el presidente del Polo. Un día por la calle ve un periódico que se llama Polo, lo hojea por encima y se reencuentra con la cara sonriente de Carlos Gaviria. Juan compra un Polo.
Si Juan compró el primer número del periódico se va a enfrentar a un Gaviria que dice que Juan forma parte de una “opinión popular cuidadosamente manipulada que ha de contribuir a un propósito encubridor”, al cual él aporta como un “ciudadano común engañado”. Si compró el segundo Polo, según Gaviria Juan pertenece a un “electorado inocente” que votó por unos líderes “sin otro mérito apreciable que su astucia de prestidigitadores”. Y si fue el tercero, Gaviria dice que los votos de Juan fueron una adhesión ciega de “una masa amorfa obnubilada” por Uribe: el “Mesías”.
Juan tiene su bachillerato y un par de cursos más. Puede que no sea un experto analizando el contexto de las palabras de Gaviria, y menos cuando éste escribe oraciones de hasta 15 líneas, pero siente que Papá Noel le está diciendo estúpido.
A Juan no le gusta que le digan estúpido y no cree serlo. Juan sabe que en el asunto de Yidis hubo un torcido, que el primo del Presidente y todo otro montón de congresistas del Gobierno son socios de los ‘paracos’, y está seguro de que Uribe sabe todo pero no le van a comprobar nada. De otro lado, Juan se siente parte de una poderosa mayoría que, liderada por Uribe, mira con optimismo hacia el futuro por primera vez en años.
Si a Juan lo ponen a elegir de nuevo entre Carlos Gaviria y Álvaro Uribe, entre el líder poderoso y asertivo y un Papá Noel que espanta, volvería a votar por el “mandarín” y dejaría de leer el Polo para salvar sus sueños navideños.
Por supuesto que Carlos Gaviria no escribe como escribe para ser odioso. Creo que Gaviria escribe y actúa siempre comprometido con la verdad, como elemento fundamental de sus principios progresistas. Sin embargo, creo que se equivoca, como le ha sucedido a muchos partidos progresistas cuando se enfrentan las fuerzas robustas de derecha, cuando asume que la sola verdad nos liberará.
El asunto no es dejar de denunciar las mentiras grotescas y la politiquería rampante del Gobierno para esconderse en la tibieza de lo políticamente correcto. Pero si el Polo es un partido con vocación de poder debe entender que la voluntad de los votantes, y el lenguaje por medio del cual se logra adherirlos a un proyecto político, son también “sustancia insustituible de la democracia”. Tanto como la verdad y el respeto a las reglas.
Los uribistas pueden ser todo lo que uno quiera, pero no son bobos ni son poquitos. En cambio, los izquierdistas estamos llenos de buenas intenciones, no somos muchos, ni ofrecemos mucho más. Quedan sólo dos años para las elecciones, y si no queremos cuatro más de injusticia e impunidad tenemos que convencer a Juan. Sería inteligente entonces dejar de asumir que Juan es un ignorante manipulado, que por eso es uribista. Y sobre todo, ¡hay que dejar de decírselo!