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CADA VEZ SON MÁS CREATIVAS LAS estrategias usadas por los colombianos para emigrar hacia Estados Unidos y Europa. La posibilidad de obtener un empleo, así sea con una escasa remuneración y en condiciones precarias, lleva cada año a miles de hombres y mujeres a correr los riesgos de la aventura de la emigración.
El desarrollo económico implica un traslado de la mano de obra del sector agropecuario a la industria y los servicios, así como del campo a las ciudades. En ese proceso los cambios tecnológicos acelerados suelen estar acompañados de un excedente de mano de obra, que eleva la tasa de desempleo y de subempleo. Por ello, la informalidad y el rebusque son características comunes en los países que se encuentran en esta etapa de su evolución productiva.
En su crecimiento inicial, los países hoy industrializados se salvaron de los niveles más extremos de excedentes de mano de obra, ya que tuvieron la suerte de contar con que en el siglo XIX la América era un continente vacío. Por eso, millones de europeos pobres o marginados pudieron emigrar hacia el norte y el sur americano, principalmente a la Argentina, Estados Unidos y Canadá. De esa forma, se escaparon en buena parte de los terribles costos humanos que ha representado la industrialización. La emigración ayudó a que, por ejemplo, en Inglaterra desde mediados del siglo XIX los principales indicadores del nivel de vida de la clase obrera, como la estatura, empezaran a mejorar.
Infortunadamente, los países que hoy están industrializándose en África, América Latina y el Asia, no cuentan con una América vacía donde enviar sus excedentes de población. Pero muchas personas de estos países pobres insisten en su sueño de poder lograr un empleo en Europa y en los Estados Unidos. Por esa razón, se ha generado una corriente de opinión que se opone a la inmigración en la mayoría de los países desarrollados. Además, los gobiernos aumentan las barreras legales a la inmigración y tratan de que sus fronteras sean menos porosas.
Una de las últimas medidas tomadas por varios países de la Unión Europa es la de los exámenes de idioma obligatorios para otorgarles visa de residente a los cónyuges de sus nacionales. Ello ha hecho, por ejemplo, que en Colombia todas las casas culturales colombo-alemanas y las sedes del Instituto Goethe estén atiborradas de colombianas que se inscriben en los cursos básicos de alemán, para poder pasar el examen de dominio del idioma. Sin embargo, el requisito del idioma no es la única medida establecida para lograr ponerle freno a la trata de visas de residente en Alemania, que se ha detectado por parte del servicio consular de ese país.
A menudo los controles son efectivos y se logra documentar que el matrimonio de un alemán de la tercera edad con una robusta mestiza colombiana era un simple arreglo económico, para que esta última pudiera establecerse en un país de la Unión Europea. Es más, se han encontrado algunos indicios reveladores: casi todos los alemanes son de la antigua República Democrática y tienen una pensión no muy alta y casi todas las colombianas son de Pereira y de Cali.
A los pensionados, la red que se encarga del arreglo le paga el viaje a Colombia y la estadía y les entrega una suma de varios miles de euros. El “contrato” implica que el alemán se casa con la candidata, pero esto no le da derecho a la consumación del matrimonio. Pero como de todo se ve, no hará falta el teutón que use su paga para pecar con su “esposa”.