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En la ciudad de Little Rock, en Arkansas, Katiuska Mendoza Cotes puso la nota vallenata. Fue en 2004, cuando ella y un grupo de jóvenes talentos de la música folclórica del Caribe fueron invitados por Bill Clinton a hacer parte del acto inaugural de su Biblioteca Presidencial. En ese entonces era parte de Los Niños Vallenatos, un colectivo impulsado por el reconocido formador folclórico El Turco Gil, en el que voces infantiles llevaban al país del Norte algunas manifestaciones sonoras del Caribe.
En una de sus primeras incursiones en tierras foráneas, Katiuska Mendoza consiguió lo que muchos artistas se demoran décadas en obtener, o incluso jamás logran, y es presentarse ante una figura de reconocimiento mundial. Ante el expresidente, la artista no sufrió de pánico escénico porque, por un lado, llevaba ensayando su aparición durante varios meses y más de la mitad de su vida la había dedicado al arte del folclor, y, por otro lado, no se podía dar el lujo de poner en entredicho los haberes de una dinastía tan importante como la de los Mendoza, legendarios y grandes exponentes del vallenato.
Su abuelo, Nicolás Colacho Mendoza, fue uno de los más importantes acordeoneros de ese género y grabó inolvidables trabajos discográficos con Poncho Zuleta, Diomedes Díaz y Jorge Oñate, pero así mismo sus interpretaciones de las obras de Rafael Escalona han pasado a la historia por sus características sonoras. Sus padres, Nicolás Nacho Mendoza Torres y Luisa Cotes Acosta, identificaron el potencial artístico de la niña y antes de que cumpliera siete años ya la habían matriculado en la escuela de formación de El Turco Gil, quien se convirtió hasta el último día de su existencia en su máximo guía musical y promotor estrella.
La presentación en Arkansas le dio el aval a Katiuska Mendoza para ser, otra vez, tenida en cuenta dentro de la programación de un evento de corte internacional. Ella fue la figura central en los actos musicales durante el homenaje que se le realizó a Gabriel García Márquez en el marco del Cuarto Congreso Internacional de la Lengua Española, realizado el 29 de marzo de 2007 en Cartagena. En el evento estuvieron presentes los reyes de España, Juan Carlos y Sofía; el expresidente Álvaro Uribe; el expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, y el primer mandatario de Panamá, Martín Torrijos, entre muchas otras figuras de relevancia mundial.
Tanto su participación en los Estados Unidos como algunos recitales presentados en Colombia quedaron consignados en dos trabajos discográficos que se consiguen en el mercado bajo el nombre de Los niños vallenatos. De igual manera, Katiuska Mendoza ya había cumplido contratos en países como Panamá, Perú y Venezuela, y quería profesionalizarse en la música para continuar con la divulgación del folclor vallenato. En su corta carrera como cantante, fue ganadora en dos oportunidades del Concurso de Voces Femeninas del Expofestival en Valledupar y tuvo participaciones importantes en el Festival Voces y Canciones de La Paz y en San Gil.
Sin embargo, y a pesar de su consagración a las tradiciones sonoras del Caribe, la artista cursaba segundo semestre de Comunicación Social, en Bogotá, y en algún momento de su existencia quería vincular sus dos quehaceres para conseguir una conexión más óptima con el público. Su sueño no era simplemente cantar los clásicos que ya se sabía de memoria (‘El testamento’, de Rafael Escalona; ‘El cantor de Fonseca’, de Carlos Huertas, y ‘La dama guajira’, de Hernando Lacouture), sino interpretar la esencia del folclor.
Precisamente por eso estaba gestionando la conformación de su primer grupo, Las Cañaguateras, para publicar su disco como solista, cuando decidió someterse a una cirugía estética en la nariz. Los procedimientos médicos fallaron y Katiuska Mendoza no pudo ver consolidados sus deseos. Murió el martes en una clínica de Valledupar y los motivos de su deceso tendrán que ser confirmados por Medicina Legal en las próximas horas. Su sepelio será en su natal Fonseca, en La Guajira.