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El rebelde Cantinflas

México se ha tomado en serio la celebración de los 100 años del natalicio de Mario Moreno Reyes, conocido universalmente como Cantinflas.

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Sospecho que los actos conmemorativos en homenaje al cómico mexicano serán pomposos y abrumadores, y matizados de manera inevitable, con ese tono solemne que los estados consagran a sus leyendas nacionales.

Y como sucede con las personas tocadas por la buena suerte, el mito de Cantinflas tendrá una nueva oportunidad para reinventarse, al igual que esos viejos amores que recuperamos después de una larga e inmerecida separación. En esta nueva celebración, el rebelde de los bajos fondos, nacido el 12 de agosto de 1911 en la colonia Santa María la Redonda en la Ciudad de México, tal vez vuelva a reiterarnos, a través de la gracia sin límites de los gestos y parodias de su filmografía, que Cantinflas, ese anarquista eterno del insulto y el soliloquio, sólo requiere para su inmortalidad de nuestra devoción cómplice para subvertir las convenciones culturales de una sociedad que a su juicio estaba anclada en la artificialidad y la deshumanización.

A cien años de su nacimiento, los desposeídos de hoy siguen siendo parientes cercanos de ese cómico universal que desde sus primeras películas, como Águila o sol (1933), No te engañes, corazón (1936), Así es mi tierra (1937), Ahí está el detalle (1940) y El gendarme desconocido (1941), consideradas verdaderas comedias costumbristas, lo fijaron para siempre en nuestra imaginación con su personaje de barriada, dotado de un lenguaje enrevesado, andar bamboleante, pantalones caídos, bigote corto y ojos pícaros con el que cruzó la línea de fuego del sarcasmo para hacernos reír de nosotros mismos y de la vida.

Los personajes de Cantinflas, reconocidos por su cercanía con la pobreza y las dificultades propias del hombre común, tuvieron su origen estético en la carpa, esos circos transeúntes y pobres del México de los años treinta, pero fue en el cine que alcanzaron su universalidad y la presencia avasallante de su orgullo, encanto y autoestima.

Hoy, en los 100 años de su natalicio, volveremos a recordar que Cantinflas supo mostrar con compasión, sabiduría e histrionismo las demandas inaplazables de los desheredados del mundo y su amor por las causas justas. Lo cual hace imprescindible que le expresemos nuevamente: ¡Gracias por el show!

 *Periodista y autor del libro ‘Cantinflas, el filósofo de la risa’, publicado por Panamericana.
 

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