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El primer encuentro es con una sala blanca inmaculada y rectangular. En ella cientos de hilos negros y rojos crean geometrías en las paredes para confluir en el centro del salón y sostener una pesada roca. El espectador tendrá la posibilidad de entrar en la obra, de recorrerla, ver cómo los hilos se cruzan y crean cuadraturas, cómo la piedra parece flotar en la invisibilidad de sus soportes, cómo los ojos engañados creen que han llegado a un límite que no se puede cruzar para luego descubrir que el espacio se ha vuelto a recomponer y que una ilusión óptica ha tenido lugar.
En la muestra Euritmia, del artista venezolano Milton Becerra que se exhibe en la galería Alonso Garcés de Bogotá, hay dos elementos fundamentales: las piedras y los tejidos.
Su encuentro con los tejidos se remonta a hace unos años, cuando motivado por conocer las particularidades de la etnia wayúu fue a internarse en el corazón del desierto para desentrañar secretos que el artista pensó sobrevivían en sus palabras y en sus modos de vida. La idea quizá romántica que Milton Becerra tenía de lo que era un indígena tuvo que vérselas a puños con la realidad. De esa lucha, de esa pérdida de tradiciones de la que fue testigo, que sin embargo ha traído consigo otros modos de ser indígena, nació entonces esa particular aproximación que hace el artista al tejido. Ya no sería replicante o intentaría traducir en sus cuadros esas evocaciones ancestrales, más bien crearía unas tramas casi sueltas que servirían para anudar y soportar elementos de otras culturas, de otras procedencias.
Las piedras, por su parte, han sido uno de los elementos que han determinado su trabajo. “He querido explorar siempre las formas como uno de los elementos terrenales por excelencia, las piedras pierden su soporte natural y se vuelven flotantes, pierden su peso y en tanto una condición misma de su naturaleza para convertir el vacío en su nueva tierra”, explica el artista, que en sus indagaciones formales ha descubierto en la piedra esos vestigios del pasado que remiten a pensar en el futuro.
La conjunción de estos elementos no sólo da origen a esta inmensa instalación que hace pensar en cálculos geométricos capaces de producir vértigos, se traduce también en cuadros que se van creando por elementos naturales que se superponen. Así tejidos, elementos de muchas naturalezas recogidos en viajes y las piedras van desplegando unos cuadros escultóricos. “La referencia a los mitos de la etnia Wayúu, los elementos del paisaje natural y la manifestación de un racionalismo geométrico coexisten en esta exhibición sin conflicto”, concluye el curador venezolano Adolfo Wilson, quien hace notar cómo el denominador común de las obras expuestas son “el dominio cabal del espacio y su expresión en términos estéticos, poéticos y simbólicos”.
Cra. 5 N° 26-92 / Tel: 3375827