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El cierre de las fases de grupos de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana encajan perfecto en la discusión que se ha abierto en Colombia sobre los derechos de televisión y la transmisión del fútbol local. En medio de este debate, hay una arista muy importante que interroga por la influencia que tiene, en la competitividad de la región, el poder adquisitivo de los equipos que hacen parte de los torneos Conmebol.
Aunque resulte obvia la relación entre las finanzas y el éxito deportivo, hacer un repaso por algunos ejemplos sirve para entender cómo el dinero juega también en el nivel de competencia del fútbol sudamericano. Casos como los de Palmeiras, Flamengo, River Plate o Racing funcionan para evidenciar la brecha que hay entre Brasil y Argentina, con respecto a los demás países de la región en términos económicos y de resultados.
En otro artículo de este especial de El Espectador, en el que hablamos precisamente de este tema de los derechos de televisión en Colombia, ya se repasaba cómo este negocio impacta directamente en la competitividad de los equipos del fútbol local. Sin embargo, ¿cómo ocurre a la hora de representar al país en los torneos continentales?
Mire más: El millonario negocio de los derechos de televisión que cambiará el futuro del FPC
Antes, ya vimos el panorama del funcionamiento de los derechos de televisión como una escalada a nivel mundial. En el escenario global, el negocio explotó.
Así lo explicamos: Premier League, por ejemplo, reparte más de USD $ 3.400 millones al año. Cada equipo recibe una base cercana a los USD $ 120 millones, a los que se suman incentivos por rendimiento y exposición mediática. Solo un equipo de Inglaterra obtiene, por sí solo, casi el triple de todo el contrato que mueve el fútbol profesional colombiano. En España, LaLiga distribuye USD$ 1.620 millones anuales: 50 % igual para todos, 25 % según resultados y 25 % por impacto social.
La clave está en que los equipos que más reciben son los que más público mueven y, a la vez, los de mejores resultados deportivos.
En Brasil, repasábamos también en ese artículo, el modelo centralizado impulsado por Sports Media aumentó los ingresos en un 75 %, alcanzando USD$ 500 millones, con el respaldo de plataformas como Amazon y YouTube. En México, aunque la Liga MX permite la negociación individual de derechos, está considerando una venta unificada que podría pasar de USD$ 300 millones a USD$ 1.200 millones anuales. Y la repartición es parecida a lo que ocurre en Europa: los que más ganan son los que más generan.
En Colombia es distinto, ¿qué sucede? Que aquí se reparte el dinero de manera equitativa. Suena justo, a priori, pero en la práctica eso afecta a los grandes clubes del fútbol nacional.
Así, América, Millonarios y Nacional prenden más televisores que los demás, pero reciben el mismo monto que otros equipos como Boyacá Chicó, Jaguares o Envigado. Una cifra que ronda los US$1,2 millones.

¿Qué papel juegan los derechos de televisión en la distribución de dinero en los equipos de Sudamérica?
Como acabamos de notar, en Colombia el porcentaje de importancia en cuanto a los ingresos de los equipos por derechos de televisión es más bien poco.
En Brasil, por ejemplo, equipos como Palmeiras y Flamengo (los dos con las nóminas más costosas de ese país), los derechos de difusión por televisión son su segunda fuente de ingresos, con un porcentaje cercano o superior al 30 %, y con montos que superan los US$ 50 millones.
En Argentina, el porcentaje de derechos de televisión oscila entre el 18 y el 27 % con respecto a otras fuentes de ingreso como taquilla, venta de jugadores o patrocinios.
En Chile, el porcentaje en los equipos grandes es similar, es decir, entre el 16 y el 20 % de sus ingresos proviene de esta fuente.
En Colombia, las cifras lucen lejanas. Mientras Atlético Nacional, con todo su poderío económico, apenas recibe cerca de millón y medio de dólares por los derechos de TV, Colo Colo, el más poderoso de la liga chilena, percibe cinco millones de dólares al año.

¿Cuáles son los equipos más caros de Sudamérica?
Si nos vamos a los ejemplos en Brasil, cuya brecha está varios escalones por encima, el panorama se pone más peliagudo.
No más en la temporada 2023-2024, un equipo como Flamengo recibió US$83 millones por derechos de televisión. Con ese dinero pueden lograr la adquisición y permanencia de figuras como Gerson (cerca de US$25 millones) y Pedro (US$23 millones). De hecho, la nómina del Mengao está avaluada en US$213,5 millones para este 2025.
Sin embargo, si volvemos al cuadro verdolaga, que es uno de los equipos con mejores finanzas en Colombia —y que logró avanzar a los octavos de final de la Copa Libertadores—, su nómina está avaluada en US$25,6 millones. Todo su plantel vale casi lo que vale apenas un futbolista de Flamengo. Y esa es la más cara del país, seguida por las de América (US$22 millones); Millonarios (US$21,5 millones); Junior (US$21 millones) y Santa Fe (US$12,2 millones).
Veamos otro ejemplo, esta vez con el grupo F de la Copa Sudamericana. Allí, Fluminense, equipo de Jhon Arias que ganó la Copa Libertadores en 2023, clasificó en el primer lugar. La escuadra brasilera tiene una nómina de US$78,9 millones, mientras que Once Caldas, que clasificó en segundo lugar, tiene una nómina que cuesta cerca de US$12 millones.
¿Qué basta un solo ejemplo para demostrar que la economía no lo es todo en la incidencia de resultados deportivos? Sí, pero la estadística no miente y esta demuestra que a mayor capacidad económica, más las probabilidades de tener éxito a nivel deportivo existen. De aquí que no sea exagerado catalogar de proeza algunos títulos, todos conseguidos cuando el fenómeno de los derechos de transmisión empezaban a estallar en el mundo, como los de Santa Fe en la Copa Sudamericana 2015, el de Nacional en la Copa Libertadores 2016 o los de Independiente del Valle (2019 y 2022) y Defensa y Justicia (2020).
No es coincidencia que equipos como Palmeiras (dos veces campeón de Libertadores en los últimos 10 años); Flamengo (campeón también en dos ocasiones en la última década) y Botafogo, actual campeón del certamen, sean los de las nóminas más costosas en Brasil. Palmeiras lidera el ranking con US$270.5 millones. En Argentina, River Plate, que también avanzó de ronda en la reciente edición de la Libertadores, tiene la nómina más costosa con US$117.4 millones.
En otros países que se puedan equiparar con Colombia, encontramos a Uruguay, en donde Peñarol es el equipo más costoso con un valor de US$30 millones; en Ecuador es Independiente del Valle, con un valor de US$38.7 millones y en Chile es Colo Colo con un valor de US$33.4 millones.
¿Cuáles son los jugadores más caros de las Copas Libertadores y Sudamericana?
Hay otro dato que nos lleva a hablar de Flamengo y Palmeiras. Del listado de los 10 jugadores más caros de la Copa Libertadores, ocho pertenecen a estos equipos (cinco a Palmeiras y tres a Flamengo), uno a Botafogo y otro a River Plate. Estevao, de Palmeiras, es el más costoso con un valor de US$59,9 millones.
En la Copa Sudamericana, el jugador más costoso es Yuri Alberto, de Corinthians (eliminado en el mismo grupo de América de Cali), con un valor de US$17,4 millones, y el segundo es Jhon Arias, el volante colombiano de Fluminense, con el mismo valor.

Brasil tiene una distancia considerable con respecto al resto de la región en términos de organización, infraestructura y finanzas, realidad que se refleja precisamente en los resultados obtenidos en los últimos años en los campeonatos del continente. Argentina, aunque cerca, se ha dejado coger ventaja. De ahí para abajo, los mercados parecen ser muy parejos. Ecuador, quizá, ha tomado la delantera con respecto a Colombia, Chile y Uruguay, que tienen cifras similares.
Lo que tienen en común las grandes potencias del fútbol sudamericano es que después de la venta de jugadores, sus ingresos dependen en buena parte de lo que reciben de derechos de televisión, lo que nos da motivos para seguir conversando sobre uno de los negocios que parece ser invisible, lo que resulta paradójico, pero que es determinante para las finanzas de los clubes y que, por ende, termina repercutiendo en su competitividad a nivel internacional.
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