Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Un bombardeo ruso contra un hospital en la ciudad de Idlib, en el noroeste de Siria, ha causado hoy la muerte de 60 civiles y ha dejado unos 200 heridos, ha denunciado el Ministerio de Exteriores turco en una nota pública.
«Según las primeras informaciones, un bombardeo del hospital público de Idlib, la mezquita de Abrar y otros objetivos civiles, efectuado por aviones de la Federación Rusa, ha causado la muerte de 60 civiles. Se estima que el número de heridos se acerca a 200″, reza el comunicado. La nota expresa «una enérgica condena» de este ataque y acusa a Rusia de «pisotear arbitrariamente» los principios de la negociación para encontrar una solución política en Siria que, en teoría, defiende.
Pide, asimismo, que la comunidad internacional intervenga «sin tardanza» contra este tipo de actos «indefendibles» de Rusia. Idlib es una ciudad siria a unos 25 kilómetros de la frontera turca y que está bajo control de varios grupos islamistas, entre ellos Al Nusra, la filial de Al Qaeda en la región.
De acuerdo con un informe presentado por Médicos Sin Fronteras a principios de este año, en 2015 los cohetes de todos los actores de la guerra en Siria (desde el Daesh hasta el gobierno sirio) alcanzaron a al menos 60 centros hospitalarios. Este año también ha habido numerosos bombardeos que han afectado hospitales. Justo en Idlib, en febrero de este año, el hospital Mar’at Al Numan fue atacado y murieron 25 personas. Los atacan con bombas de barril, que es por lo general un arma utilizada por el gobierno de Bashar Al Assad.
Han muerto médicos, pacientes y trabajadores de la salud. Según un informe de Naciones Unidas, 640 trabajadores del sector han sido asesinados desde 2011, cuando empezó la guerra, y 13,5 millones de personas necesitan ayuda humanitaria. Sin embargo, acceder a ella ha resultado casi imposible porque numerosas ciudades están sitiadas, las fuerzas al mando no permiten el paso de la oeneges y los centros de salud no dan abasto. No hay medicamentos y el servicio sanitario es rudimentario, tanto como puede serlo durante una guerra que ha cobrado más de 250.000 mil vidas y ha obligado a casi 4 millones de sirios a desplazarse de sus hogares.