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El planeta fútbol llevaba mucho tiempo sin presenciar una exhibición futbolística tan colosal como la que brindó Lionel Messi el domingo en el Bernabéu. Se echó los cimientos del Camp Nou, la historia de Gamper, la leyenda de Cruyff, Kubala, Ronaldinho y las grandes estrellas del firmamento blaugrana a espaldas y solo contra el mundo, evadiendo patadas asesinas, codazos alevosos, burlando la incapacidad de los que olvidaron el juego del fútbol y prefirieron la lucha grecorromana, para terminar haciendo la parábola inmortal: gol de la victoria en el último minuto, en el último suspiro, en el territorio espacial que parecía reservado a su opositor.
Lo que hizo Messi no es humano. Es descabellado pensar que ese ángel alado que saltaba piernas que como motosierras iban a rebanarlo, que inventaba, creaba y encandilaba con sus movimientos, no esté poseído de un din sobrenatural para ver las jugadas una milésima de segundo antes que todos, incluyendo sus compañeros.
Y pensar que tan sólo cuatro días antes se hablaba del declive de Messi, del final de ciclo del genio, de su incapacidad para burlar enemigos, de 80 minutos sin marcar un gol en la Champions, de cinco partidos sin martillar en el Bernabéu. Que patatín, que patatán, que no merecía más premios, que era pasado. Tomen, diría Lionel, acá estoy, como en la ranchera, que no les quede la menor duda: sigo siendo el rey. Los premios se los pueden dar a otros, el juego me pertenece y nadie como yo lo interpreto mejor.
El gran ganador de la parábola del retorno del mejor de todos los tiempos, es el Allegri, técnico de la Juventus, que hoy puede decir con la boca llena que él sí supo como frenarlo, cómo enjaularlo, cómo marcarlo en relevos para evitar que tuviera esos metros de ventaja para sus descolgadas. La soberbia de Zidane, que le brota por los poros al francés técnico del Madrid, le hizo pensar que Casemiro a punta de patadas arteras, Marcelo con codazos alevosos, Ramos con planchazos descalificadores, lo podían parar en su camino hacia el arco.
Lo que hizo Messi el domingo es una oda al fútbol, un poema al juego de la habilidad, la picardía, el saber estar y saber llegar.
A otros les podrán dar balones y premios, pero que no quede la menor duda: el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos se llama Lionel Messi.