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Y hablando de mujeres…
Considero un desastre que la doctora Clara López Obregón se haya visto en la necesidad de retirarse de su partido político —el Polo Democrático— por el matoneo recibido por parte de sus copartidarios en razón de su apoyo a la propuesta de paz del presidente Santos. Una declaración que no ha dejado de estremecerme. Me decepcionan hondamente sus dirigentes, pero de manera particular se me desdibuja completamente la figura de Jorge Enrique Robledo, por su posición profundamente radical. Cómo creer de aquí en adelante alguna propuesta sensata que provenga de ellos cuando no han tenido la grandeza, ni mucho menos la generosidad, de respetar la opción de vida asumida por una mujer valiente en un momento determinado de su trajinar político. Hay una frase de cajón que no deja de ser cierta: “todos los hombres están hechos con el mismo molde”. Y los del Polo no son la excepción.
Matoneo, matoneo… Palabras mayores cuando quien las pronuncia es una mujer madura con una hoja de vida brillante y una carrera política con sus más y sus menos, cuando en su condición de ministra ve en su vida la obligación de renunciar a un conglomerado político donde ella creía encontrar comprensión a su espíritu rebelde. Y ¿qué halló? Una actitud hostil, cuando ella manifiesta abiertamente su apoyo al proceso de paz y además acepta el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, como si desde allí no se pudiera ser coherente con sus planteamientos, con la honestidad, con el concepto de servicio a la gente desde un cargo público. ¿Qué les habría gustado a los del Polo? Sumisión. Hombres… hombres… Nunca cambiarán.
Y cambiando de nombres de mujeres, hay una que no merece la atención de los medios de comunicación por toda su estupidez e insensatez. Nada le aporta al debate de ningún tema nacional porque cada declaración es una demostración de que no ha estrenado el cerebro ni su materia gris. Ella debe estar inmensamente, porque su testarudez es entrecomillada por la gran prensa y hasta con fotografía… Es una figura nacional a costa de sus barbaridades. Es chocante. No más con María Fernanda Cabal. Más bien que estudie, que lea, que se informe sobre la realidad del país en todas sus formas y colores.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
Sobre un editorial
Aplaudo que un diario de tal importancia como El Espectador, en un editorial, y dominical, se atreva a cuestionar el desprecio al ateísmo en este país supercatólico inmerso en su oscurantismo…
Juan Camilo González.
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