Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Por Bernardo Arango Mercado
Quiero adivinar, desde el deseo, qué más le dijo Santos a Chávez cuando le esputó en la cara (¿Santos sí esputa en la cara?) al comandante eterno que la Revolución bolivariana había fracasado. Chávez, te desgastaste enfrentando con tanta agresividad el establecimiento. No tuviste en cuenta que ese establecimiento tiene 206 años y para mantener su statu quo ya no necesita sujetos en su defensa; él en su tupido y compacto entramado rechaza cualquier acción individual abrupta, así sea con la fuerza de un caudillo que es capaz de hipnotizar al pueblo. Y por eso tuviste que hacer alianzas non sanctas con los sobrevivientes de la farsa comunista del siglo XX, los cubanos; eso empeoró todo y fue pábulo de tu parte para que lo más recalcitrante de la clase dominante, desalojada de sus privilegios, tuviera un blanco perfecto y te atacara sin piedad: te hiciste comunista a regañadientes y firmaste tu perdición. Mira, ya no has tenido tiempo sino para destruir barricadas y tratar de gobernar, tiranillo en estado de excepción. Tu revolución estaba perdida desde el principio, a pesar de tu peso histórico de caudillo. Perdida, porque cambiar los pilares del establecimiento supone un proceso que no es abrupto, que necesita de tiempo y de una clase media sólida y consciente que no tienes; en Colombia tampoco la tenemos y tampoco tenemos un hombre tan carismático como tú, por eso aquí, en Colombia, los independientes que en los años venideros tratarán de llegar al poder, si llegan y logran sacudirse de sus ideologismos, necesitarán de décadas en el poder para hacer lo que trataste de hacer tú de la noche a la mañana. Algo así ocurrió en el siglo pasado en Suecia y en la nariz escandinava en general. Hoy esa parte norte de Europa experimenta una sociedad justa de piso constitucional socialdemócrata, sin abandonar la esencia capitalista, e intenta ser modélica.
Yo soy un buen burgués, pero soy un intelectual culto y entiendo lo que querías hacer. Fallaste. Y ahora para colmo de males estás enfermo de muerte y dejarás a Maduro en el poder. El pobre de Maduro que no tiene el carisma tuyo, que no es un caudillo, que es el hombre mediocre de José Ingenieros, vivirá su gobierno por tu encargo en estado incendiario y sólo tendrá tiempo para mantenerse a la defensiva de un golpe de Estado. Sabes, en crisis, que serán su constante, supongo que Maduro tendrá las trilladas fórmulas de la desesperación: buscará en las fronteras los problemas y no sabrá cómo manejar inteligente y, sobre todo, prudentemente su participación en el proceso de paz con las Farc que estoy llevando a cabo en La Habana. Creo que algún día se irá de la lengua para mal de todos, pues la incultura de los dos pueblos y la maledicencia de nuestros políticos harán su agosto con una información que tiene que ser discreta, porque no hay mente madura ni en el pueblo ni en la clase política para entender sus entresijos y secretos a puerta cerrada.
Mira, Chávez, en tu Venezuela del alma el poder volverá a manos de los representantes del entramado de un establecimiento que ha sido capitalista por más de dos centurias y que no está para cambiar su tejido por uno experimental, como el que quisiste al principio, y menos por uno comunista, que tú mismo sabes que se fue al tacho de la basura histórica por culpa de la enrevesada condición humana.