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Entre el cielo y el infierno

El video artista, José Alejandro Restrepo, muestra su último trabajo en el Museo de Arte de la Universidad Nacional.

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“Y pienso que así irán estos penando por el tiempo que Dios los martiriza, conviniendo esta cura a sus pecados, en el que el fuego sus llamas cicatriza”. Esta es una de las frases de Dante que anteceden las fichas de las videoinstalaciones y proyecciones que componen la muestra Variaciones sobre el Purgatorio, de José Alejandro Restrepo. Ahí, en ese limbo extraño donde se purgan las penas, donde el perdón alza su voz y baja la cabeza, ahí en ese estado temporal de purificación y expiación, sitúa Restrepo su obra para señalar eso que ha venido permeando su trabajo durante una década: las correspondencias que se encuentran entre lo teológico y lo político. Esa problemática, tratada principalmente a través del video, ha funcionado como motor de reflexión y de creación para este artista, que ha sido exhaustivo en su  trabajo de investigación, de archivo y de acopio. Un largo aliento que lo ha adentrado en la imaginería del  arte religioso, al cual contrapone con la realidad social, política e histórica de Colombia, claramente marcada por la violencia. No es un tema reiterado, como lo critican desde el cine, se trata de un campo en constante evolución. En una de las cinco videoinstalaciones, el espectador entra a un espacio oscuro donde encuentra una piscina que en vez de líneas de separación tiene cruces en su fondo de baldosas. La sensación es real, impactante y sobrecogedora. El agua se mueve, se inclina por la luz y de repente en ese escenario acuático solemne se oyen, como salidas de  un confesionario, las voces de perdón de Salvatore Mancuso, alias H.H., Álvaro Uribe, Karina, Carlos Castaño, Monseñor Cristancho Luque, entre otros. Así, Restrepo interpone las formas de la justicia terrenal en Colombia con los sistemas de justicia religiosos de una manera tan asombrosa como irónica. “Las culpas se negocian, se permutan, se condonan, se perdonan, se olvidan, igual que en el Purgatorio. No me deja de sorprender que la justicia sea tan vulnerable a ese tipo de negociaciones. ¿Cómo así que las penas se negocian?”, se pregunta Restrepo, cual si se tratara de trámites propios de la compraventa, de la oferta y de la demanda. Asimismo, al artista le interesa la conexión que hay con el teatro. En esos discursos de perdón las voces se oyen impostadas, como si se estuviera en una puesta en escena. Durante dos años estuvo trabajando específicamente para los espacios del museo porque esta es la primera obra de esta magnitud que hace por comisión. El Museo de Arte de la Universidad Nacional está haciendo una tarea importante al impulsar esta práctica de comisiones, común en el mundo, pero tan escasa en Colombia. Según María Belén Sáez de Ibarra, a cargo de la Dirección Nacional de Divulgación Cultural de la Universidad, las obras comisionadas para el museo son un gran apoyo que se le hace al arte, especialmente a aquéllos que no son maestros consagrados ni emergentes. Vale la pena recorrer estos espacios de ánimas que lavan sus culpas en aguas y llamas en medio de la imaginería religiosa y la realidad colombiana.    Hasta el 30 de abril. Museo de Arte de la Universidad Nacional. Carrera 30 N° 45-03.

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