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Ahí viene la muerte, bailando burlona y desafiante por la Vía 40 de Barranquilla. Pálida y sonriente. Se contorsiona, se detiene a mirar fijamente a algún caminante que le hace una broma, que la desafía; luego brinca y se carcajea como celebrando que en pocas horas será nuevamente la vencedora. Hoy morirá Joselito a las 3:00 p.m., en el parque Los Fundadores. Morirá luego de 96 horas de carnaval para marcar el final de esta fiesta de colores y música. Algunas mujeres de luto lo despedirán con cantos y jolgorio; en el tradicional barrio Abajo acomodarán algunos ataúdes en las calles en su honor y bailarán alrededor de ellos; la de Joselito bien podría llevarse el título a la muerte más alegre.
Ella baila por la Vía 40, encabezando una comparsa de bailarines de cumbia, fandango o mapalé. Estuvo aquí mismo el sábado en la Batalla de Flores, exhibiéndose arrogante sobre alguna carroza; luego, el domingo, en la Gran Parada, y el lunes, en la Gran Parada de Fantasía. Siempre la muerte. Entre una comparsa y la otra desfilan personajes aislados caracterizando a algún político (Álvaro Uribe, Hugo Chávez), a uno que otro cantante (Carlos Santana, Shakira), a los protagonistas de alguna serie de televisión imborrable (Los Magníficos), a algún criminal (Raúl Reyes). También marchan personajes de la cotidianidad de Barranquilla: un hombre con ropas sucias y ajadas cargando un costal y pidiendo alguna moneda para comer.
Lejos de la Vía 40 también todo es carnaval. Las casas, los hoteles y las calles están disfrazados. La marimonda, ese personaje creado en los barrios populares hace tantos años para ridiculizar a la alta sociedad —de chaleco, corbata y careta con orejas de elefante y nariz larga, fálica— está posado casi en cada esquina: junto a una botella de licor, junto a unos hombres con tambores, junto a una carretilla en la que se venden recuerdos para no olvidar a Barranquilla.
Que el himno del Carnaval es la canción Te olvidé también queda claro. Resuena a cada paso. Yo te amé con gran delirio/ De pasión desenfrenada/ Te reías del martirio/ Te reías del martirio/ De mi pobre corazón/ Y si yo te preguntaba/ El por qué no me querías… (Antonio María Peñaranda). Retumba el himno y retumba música en cada rincón: ritmos tradicionales como la cumbia, el porro y la guacherna; y otros que mezclan ese folclor con nuevos sonidos. Así pudo escucharse en el viejo estadio de la ciudad a Los Corraleros de Majagual y a Los Gaiteros de San Jacinto; y casi al mismo tiempo, en la Plaza de la Aduana, a Bomba Estéreo con sus fusiones de música folclórica, electrónica y rock.
“El Carnaval de Barranquilla es un punto de partida, es la congregación de toda la música folclórica del Caribe. Estar aquí nos inspira a llevar esos ritmos al nivel que nos gusta, mezclarlos con nuevos sonidos y nuevas influencias”. Así explica su presencia en este certamen Simón Mejía, músico de Bomba Estéreo, minutos antes de subirse al escenario. Algún locutor anuncia que el ‘Red Bull Bomba Estéreo Dale Vatio Tour’ está por comenzar. Lo primero que se escucha es un ritmo de cumbia, como las que horas antes amenizaban la danza de la muerte en la Vía 40. Luego entran un teclado y una guitarra eléctrica. Sigue sonando a carnaval.