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Esta podría ser la historia de una película de Disney. “Persevera y lo lograrás”, dicen una y otra vez sus protagonistas: “Persigue tus sueños, trabaja, cree en ti”. Claro, no son criaturas fantásticas que luchan en contra de un villano poderoso y despiadado. Se trata de rockeros de 50 años con un amor desmedido por su música, lo suficiente para tocar durante casi 30 años cuando el resto del mundo se olvidó de ellos y los dio por muertos, muertos y enterrados.
Durante tres décadas, Steve Lips Kudlow y Rob Reiner, los miembros fundadores de la banda canadiense Anvil, se dedicaron a hacer música para una fanaticada que se evaporó junto con el éxito y reconocimiento. Músicos sin público. Música sin oyentes.
Entre 1981 y 1983, Lips, Reiner y compañía produjeron tres discos (Hard ‘N’ Heavy, Metal on Metal y Forged on Fire; hoy considerados clásicos por algunos) que los pusieron en la cima del mundo, al lado de bandas como Scorpions. En su momento, músicos como Lars Ulrich (baterista de la mítica Metallica), Lemmy Kilmister (fundador y cantante de Motorhead) e incluso Slash (icónico guitarrista de Guns N’ Roses) catalogaron a Anvil como influencia de su trabajo y pioneros de géneros como el thrash y speed metal.
El éxito es una deidad traicionera, una brisa pasajera que eleva, ilusiona y al final apuñala. En menos tiempo del que les tomó llegar a festivales de música en Japón y Europa, Anvil entró al catálogo del ayer, para siempre ser archivado en la nada. La historia dice que fueron malos empresarios, contratos poco ventajosos y una gran cantidad de mala suerte. Destino, azar, negligencia o todas las anteriores: los buenos días habían terminado. De estrellas de rock a desempleados.
El documental
Las primeras imágenes son de un hombre en sus 50 que maneja a través de las heladas calles de una ciudad canadiense hasta su trabajo como repartidor de comida. Con los guantes puestos maneja bandejas llenas de almuerzos, saluda a sus compañeros, les desea un buen fin de semana. Mientras maneja conduce, Lips dice: “Anvil me da la pasión y las cosas buenas que necesitas en la vida”. La mirada siempre fija en el camino. En la voz ronca y áspera de aquel empleado que sueña con volver a llenar estadios se siente la esperanza, siempre frágil, de que al final de los días el trabajo duro paga.
Anvil: the story of Anvil, documental con hora y media de duración, se estrenó en 2008 y se convirtió en la tabla de salvación para una banda que a juicio de muchos tenía un certificado de defunción expedido hacia un par de décadas. La cinta muestra a Lips, Reiner y el bajista Glenn Five de gira por Europa, presentándose en escenarios con 10 personas en el público, siendo engañados por el dueño de un club en Rumania, viajando en una pequeña camioneta por carreteras congeladas. Al volver a Canadá, de nuevo en su vehículo de domicilios, Lips admite que “todo salió mal en la gira”. Hay unos segundos de silencio: “No lamento nada porque al menos hubo un tour para que salieran mal las cosas”.
En su adolescencia, Sacha Gervasi era un fanático más de Anvil. Los conoció en los años ochenta en Londres y, años después, cuando supo de la debacle de sus ídolos de juventud, decidió hacer el documental que le devolvió a la banda la gloria perdida. En un mundo en el que hay más productos artísticos que artistas, la historia de Anvil redefine los términos “trabajo”, “carrera”, “perseverancia”.
En alguno de sus peores momentos, cuando incluso el combustible para soñar se agotaba, Lips dice: “Bueno, siempre hay acantilados para lanzarme”. Reiner suelta una ligera risa y, con un tono melancólico, le responde que “no, porque yo te detendría”. Anvil es eso: 16 discos y un lazo que parece eterno e indestructible entre dos adultos ya maduros que se rehúsan a abandonar su propia vida. ¿Cuántos se entregan por tanto menos?
Después del documental (durante su rodaje la banda produce su último disco, This is thirteen), la banda logró reconocimiento mundial de nuevo: es invitada a abrir los conciertos de la gira Black Ice de la legendaria AC/DC. Las giras comenzaron a venderse por completo e incluso se publicó un libro acerca de la historia de la agrupación.
Treinta años después de comenzar a tocar en Anvil, Lips y Reiner cumplen el pacto de sangre que, según algunos, hicieron cuando tenían 14 años: rockear hasta ser viejos y gordos. En últimas, como dice Lips: “Nada me importa. La música dura para siempre”.
La lucha para ser escuchados
El último álbum publicado de Anvil, This is thirteen, marcó un hito en la carrera de la banda, pues fue el retorno del productor Chris Tsangarides, quien estuvo detrás de la grabación del clásico Metal on metal, el trabajo más reconocido de la agrupación canadiense.
El trabajo de producción estuvo lleno de problemas, tensiones y peleas, como quedó registrado en el documental Anvil: the story of Anvil.
Para conseguir el dinero necesario para la grabación del material, Lips (cantante y cofundador de Anvil) intenta trabajar en un call center, sólo para darse cuenta de que “no soy capaz de hacer esto. Soy una persona decente. No les puedo mentir a los demás”. Al final, la hermana mayor de Lips le presta la suma.
Ninguna disquera quiso distribuir el trabajo de Anvil, así que la banda lo imprimió por su cuenta y empezó a venderlo a través de su sitio web a los fanáticos interesados.