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Brasil: la cultura resiste en tiempos de zozobra democrática

Artistas y activistas protestan por el cierre del Ministerio de Cultura. Ya antes, los cantantes brasileños habían encontrado que el arte es una forma de resistencia.

La actriz brasileña Maeve Jinkings (c) con un cartel en el que se puede leer "Brasil está sufriendo un golpe de estado", durante el Festival de Cine Internacional de Cannes. / EFE
La actriz brasileña Maeve Jinkings (c) con un cartel en el que se puede leer «Brasil está sufriendo un golpe de estado», durante el Festival de Cine Internacional de Cannes. / EFE

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El cantautor Chico Buarque grabó A pesar de você en 1970. Entonces regresaba a Brasil después de un año de exilio voluntario a causa de la dictadura militar. La canción, en principio, fue tomada como las palabras que un hombre le dedicaba a una mujer terca y déspota. Sin embargo, el objetivo era otro y los militares no se dieron cuenta sino tiempo después: la dictadura. A pesar de você, que tuvo su versión en español, comienza así: “Hoy es usted el que manda. / Lo dijo, está dicho. / No tiene discusión, no. / Toda mi gente hoy anda / hablando bajito / mirando al rincón, ¿vio?”. En los versos siguientes, Buarque cantaba: “Cuando llegue ese momento / todo el sufrimiento / cobraré seguro, justo”.

Cuando los militares se dieron cuenta de que la letra iba en contra de ellos, de la dictadura que habían impuesto en 1964 y que duraría hasta 1985, fueron a la sede de la discográfica, destruyeron las copias restantes y prohibieron su reproducción en la radio. Los jóvenes la cantaban, dicen, como si fuera el himno nacional, y eso era ya motivo de discordia en un país que por entonces abrigaba un nacionalismo ferviente, donde los carros tenían pegatinas que rezaban: “Brasil: ámelo o déjelo”. El sencillo de A pesar de você vendió 100 mil copias. La gente desaparecía en Brasil.

A Buarque lo sometieron al interrogatorio debido y le preguntaron de quién se trataba el usted de la canción. En Chico Buarque: letra y música, Humberto Werneck recordó su respuesta: “Es una mujer muy mandona, muy autoritaria”.

En esos años, cuando la música y el cine de Brasil se extendieron en actos bajo el escenario de la dictadura, crear era sinónimo de resistencia. Su herencia no parece haberse apagado: decenas de músicos y artistas se tomaron esta semana un edificio oficial en Río de Janeiro —y otros tantos en 11 estados del país— y una orquesta interpretó Carmina Burana. Reemplazaron la letra: “Fuera Temer, fuera Temer, fuera Michel Temer”. Protestan por la eliminación del Ministerio de Cultura, que fue anexado por el gobierno del presidente interino, Michel Temer, a la cartera de Educación. “No aceptamos un Ministerio de Cultura en un gobierno golpista. Queremos un Ministerio de Cultura en un gobierno democrático, en un gobierno progresista”, dijo uno de los manifestantes.

El Ministerio de Cultura nació en 1985, justo el mismo año en que se derrumbó la dictadura. De modo que es un sucedáneo de la libertad. En 1990, el entonces presidente Fernando Collor de Mello acabó con esa entidad, pero revivió dos años después, cuando Collor de Mello renunció a la presidencia por corrupción. Ambos hechos hablan de la naturaleza del ministerio: nace en tiempos de libertad democrática. Pero en tiempo de desbalance económico, es una de las instancias menos favorecidas: representa entre el 4% y el 6% del PIB nacional y su presupuesto es muy bajo (en 2016 fue de 2,6 billones de reales) en comparación con otros ministerios (el de Educación recibió 99,7 billones de reales este año y el de Salud, 118,6 billones). En una carta enviada a Temer, los artistas afirmaron que su supresión era “un gran retroceso”.

La creación del Ministerio de Cultura ha permitido, entre otros éxitos, un fomenta general del cine brasileño. Desde 1999, los gobiernos a cargo habían desarrollado una serie de políticas que impulsaron la red cultural del país (el Programa Cultura Viva, los Puntos de Cultura, la Cinemateca Brasileña y la Fundación Palmares). Todos aquellos proyectos requieren una financiación que podría reducirse bajo la dirección del nuevo ministro de Educación, Mendonça Filho, que tiene más experticia en la industria de la agricultura que en la cultura.

Sin embargo, ante la vicisitud política Brasil ya ha demostrado que no requiere de un ministerio para ejercer resistencia. La historia de Buarque es un ejemplo necesario: para criticar durante la dictadura había que ser perspicaces. Calice, compuesto por él y por Gilberto Gil (ministro de Cultura en la presidencia de Lula da Silva), es la expresión justa de esa inteligencia. La frase central de la canción dice en portugués: “Pai, afasta de mim ese calice” (“Padre, aparta de mí ese cálice”). Sin embargo, en portugués calice suena igual que cale-se, cállese. La canción es de 1978: restaban siete años para que terminara la dictadura.

Del mismo modo respondieron Tom Jobin, Caetano Veloso y Vinícius de Moraes a la represión, que salió bien librada: una amnistía contra sus crímenes fomentó la impunidad. Antes incluso de que existiera un Ministerio de Cultura, los artistas nacionales ya reconciliaban el arte con la resistencia. Cándido Portinari, con sus retratos sobre pobres y desarraigados en lienzo inmenso y el mural de su autoría, puesto en la ONU, dedicado a la guerra y la paz; las construcciones curvadas de Óscar Niemeyer y una de sus creaciones más ardorosas: la sede del Partido Comunista Francés. La resistencia fue previa al acto. Sólo tuvo que aplicarse.
 

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