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Con diez campanadas comenzó el primer concierto gratuito en la Plaza San Pedro Claver. Ese sonido fue una especie de alerta para que los asistentes al iluminado lugar comprendieran que esa noche no sería como las demás. Luces naturales como las provocadas por la luna y las estrellas mezcladas con destellos artificiales de diversos colores hacían ver la fachada de la catedral muy distinta. La obertura de La escala de seda de Gioacchino Rossini (1792–1868) interpretado por los músicos de la City of London Sinfonia, bajo la dirección del colombiano Alejandro Posada, casi que se fundió con los sonidos emitidos por la campana. En el primer acercamiento del Cartagena V Festival Internacional de Música con el público masivo fue prácticamente un reencuentro entre dos viejos conocidos que se dejaron de ver por 12 meses.
La noche de aquel domingo fue particular y en eso tuvo que ver la presencia de los dos solistas en la tarima improvisada. Los norteamericanos Gary Hoffman (cello) y Jennifer Frautschi (violín) invitaron a Percy Grainger (1882–1961) y a Camille Saint-Säens a participar en esta velada caribeña con algunos fragmentos de sus creaciones más conocidas. Los asistentes, como sucedió en las ediciones anteriores, respondieron con sus aplausos, aunque a veces las ovaciones aparecieron a destiempo durante las transiciones entre un movimiento y otro.
El público se fue pleno y con la ilusión de volver al día siguiente para hacer suyas unas melodías que vienen de lejos, pero que con iniciativas apropiadas pueden llegar a derribar murallas culturales. Y ese propósito se está logrando porque durante la noche del lunes la gente respondió de manera más contundente a su cita musical. Angela Cheng (piano) y Elina Vähälä (violín) fueron las encargadas de interpretar tres piezas para violín y piano de Jean Sibelius (1865–1957), cuya primera nota se fusionó, al igual que en la velada anterior, con la última campanada. Por su parte, la argentina María Luisa Rayán-Forero ejecutó unos arreglos para arpa bastante emotivos de dos de las piezas más emblemáticas de Astor Piazzolla (1921-1992): Otoño porteño y Libertango. Las Fantasías brillantes sobre Carmen, de François Borne (1840-1920), dejaron ver el virtuosismo del pianista Sergei Sichkov y la destreza de Gabriel Ahumada, flautista colombiano radicado en Europa desde hace varios años. El cierre de la jornada lo protagonizaron Stephen Prutsman (piano) y el bajo-barítono Christòpheren Nomura, con una versión teatral y espontánea de El barbero de Sevilla, de Gioacchino Rossini.
Los conciertos con entrada gratuita se trasladaron anoche a la Plaza La Trinidad, en el sector popular de Getsemaní, un escenario menos turístico que la Plaza San Pedro, pero no por eso menos importante. Ese lugar por segundo año consecutivo fue la sede para que los cartageneros y visitantes escucharan una selección de canciones románticas españolas interpretadas por el tenor colombiano Hans Mogollón, acompañado por Stephen Prutsman en el piano. El recital continuó con un arreglo especial de Malagueña, de Ernesto Lecuona (1895-1963), ejecutado por la arpista Elizabeth Hainen. El pianista francés Frederic Chiu tuvo a su cargo el cierre con fragmentos de obras de Claude Debussy (1862-1918) y Sergei Prokofiev (1891-1953).
Este año son diez conciertos de carácter gratuito que tienen la misión de integrar mucho más al evento musical con la cotidianidad de una ciudad que está aprendiendo a cumplir la cita con el arte sonoro, siempre después de las diez campanadas.