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Arturo Manrique comenzó muy temprano su carrera literaria, en las filas de la llamada Gruta Simbólica. La Gruta había sido formada por un grupo de hombres poetas y literatos de la generación de la Guerra de los Mil Días que, a causa del toque de queda nocturno, preferían reunirse en la casa de alguno a escribir y declamar versos. Con el fin de la guerra, Manrique se dedicó a los negocios y el periodismo, fundó periódicos aquí y allá e importó la primera rotativa en la historia de Colombia. Entretanto, publicó su trabajo literario y periodístico bajo el seudónimo “Tío Kiosco”. Entrados los años veinte, fundó también la revista gráfica Mundo al Día, de circulación nacional.
Desde sus diferentes artículos y crónicas, pero especialmente en sus editoriales y en su sección “Alfileres”, Mundo al día transmitió un imaginario específico de Bogotá. Los “Alfileres” fueron el espacio escogido por el mismo Manrique para exponer sus opiniones sobre urbanismo y el futuro de la ciudad. Tras un año larguito en la administración municipal, es posible hacer un paralelo entre Enrique Peñalosa y el Tío Kiosko. La primera característica compartida es una preocupación por servicios públicos que nace no de la empatía o la búsqueda de cierta justicia social, sino de una angustia estética en la búsqueda de una ciudad en la que las comunidades con menos ingresos no perjudiquen a las más acomodadas. El Tío Kiosko lideró la idea de Ciudad Higiénica que predicaba la urgente intervención de los “sectores obreros” de Bogotá. El problema más grave, afirmó, era que el hacinamiento en estos barrios propiciaría “la criminalidad, el alcoholismo, la depresión, la falta de higiene y el comunismo”. Entre otras cosas.
“Al oriente de San Diego y del Paseo Bolívar existe el más denso núcleo de población hacinado en habitaciones en completo abandono moral y material de parte de las autoridades” explicó Manrique en 1939; “a estos barrios llegan todos los abandonados por la suerte, los que no han podido conquistar fortuna ni medio alguno para vivir con los más indispensables elementos de higiene y de moral, padecen las más nocivas enfermedades que nos pueden transmitir”. Por otra parte, el Tío Kiosko emprendió una lucha por la estandarización de medidas higiénicas en la manipulación de la leche y enumeró día a día los peligros de lo que llamó la “leche contaminada”. “La leche cuando es pura es un alimento sin rival. La leche cuando es impura es una amenaza para la colectividad” tituló Mundo al Día en 1938. Es ahí donde cristaliza una segunda coincidencia con el actual alcalde. Pues en esta campaña se involucraba económicamente el mismo Manrique, quien importaba –desde el comienzo de los 30— maquinarias para pasteurización de la leche.
La ciudad soñada e higiénica, necesitaba contar con buenos ciudadanos. Así, por dos décadas Mundo al Día insistió en la importancia de “recoger” a los habitantes de calle. Insistió, por ejemplo, en la necesidad de “limpiarlos” pues carecían de decencia y, en general, eran “mal olientes que nunca se bañan ni la cara ni las manos, con cachuchas y zapatos despedazados, el pelo largo del salvaje, goterones de mugre”. En esta ciudad había espacio para aquellos pulcros, obedientes y trabajadores. Tanto Tío Kiosko como Enrique Peñalosa creen en la existencia de una categoría de “no ciudadanos” que debían –para el bien de la ciudad y la ciudadanía— recluirse en asilos, hospitales y otras instituciones similares.
Hablando de grupos de habitantes de la calle con rutinas de borrachera y adicción tanto Kiosko como Peñalosa hablan de “focos” que hay que erradicar. “Este punto estará en nuestro foco durante los próximos meses, ha tenido un desorden histórico grave”, advirtió Peñalosa al reconocer la existencia de nuevos “Bronx” en barrios de Kennedy.