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Un gran alboroto se armó por la portada de El Espectador del pasado domingo, donde yacía un bebé muerto en los brazos de un rescatista en la tragedia de Mocoa. Las redes sociales explotaron y el debate hizo que el periódico hiciera pública la razón de haber escogido esa foto. Al margen de la polémica, baladí para lo que significa la magnitud de una tragedia que cobró la vida de casi tres centenares de personas, se exhortó a los ciudadanos a “ayudar” con los elementos que siempre son necesarios en este tipo de catástrofes (ropa, comida no perecedera, frazadas, medicinas y dinero) y la Cruz Roja habilitó sus sedes para recibir la ayuda en distintas ciudades. Sin embargo, perplejos, algunos ciudadanos nos hemos dado cuenta de que algunas entidades oficiales dicen “gracias por su buena voluntad, pero necesitamos dinero”, al momento de entregar una ayuda.
Puede que el dinero sea más útil ya que facilita la logística de la organización. Muchas veces vienen objetos en mal estado, con fechas de vencimiento caducas y elementos que no aportan para paliar los efectos posteriores a la tragedia, que suelen ser peores a la tragedia misma.
Sin embargo, estamos en el país del Sagrado Corazón, siempre se debe desconfiar, ya que hay muchos “emprendedores” dispuestos a sacar tajada del dinero recibido o “políticos de alma caritativa” que posan para la foto junto a los damnificados y después de que se baja el lente los dejan de nuevo en el lugar que siempre han ocupado en sus mentes: el olvido; para ellos es mucho mejor un aporte monetario.
Las imágenes que se muestran a diario son de gente que realmente necesita ayuda, y de todo tipo. Ayer, Pirry denunciaba en sus redes sociales que un empresario caldense iba a donar tres plantas de agua potable y no fue posible porque, según respuesta oficial, “no se necesitaban”. Al momento de escribir la presente, la fuerza aérea reporta el traslado de las plantas a Mocoa, no sin antes un escándalo por parte de los ciudadanos, con toda la razón, indignados.
Eso hace que se planteen varias preguntas: ¿por qué no se quería recibir esta valiosa donación? ¿Quién administra los dineros de las ayudas? ¿Con cuánto dinero de las consignaciones se quedan los bancos? Hay que estar en alerta. El olor a muerte siempre trae detrás las aves de carroña.
Como ciudadanos, debemos hacer un comité para asegurarnos de que sean beneficiados quienes realmente lo necesitan. Sería una buena manera de tenderles la mano a los afectados. Las oraciones, pensamientos y hashtags son ayudas, pero de lejitos.
Luis Omar Betancourt Aguilar.
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