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A raíz de la tragedia ocurrida en Mocoa, que deja cientos de muertos y miles de damnificados, algo que no podemos pasar por alto es la responsabilidad que tienen las autoridades municipales de velar por la seguridad de sus ciudadanos. Por esta y muchas otras razones de orden social, no se deben desaprovechar estas situaciones dolorosas para llamar la atención sobre la urgente obligación que tienen los alcaldes, quienes supuestamente conocen más de la situación de riesgo de sus municipios, de tomar las medidas pertinentes y apelar a los organismos especializados del Gobierno Central para prevenir y evitar más tragedias.
A diario vemos que estamos acabando con los bosques para dar paso a la siembra de los estupefacientes, que, además de atentar contra el medioambiente, viene acabando con la ética y la moral de los ciudadanos, hasta el punto de llegar a utilizar a nuestros niños como microtraficantes y consumidores desde muy temprana edad. Este crimen no debe continuar y no podemos permitir que nuestras futuras generaciones estén carcomidas por el vicio y la mala fe para lograr el objetivo de los productores y de los macrotraficantes que se están llevando unos dineros, pocos o muchos, arrasando con la salud y buenas costumbres de la población colombiana.
Uno no se explica cómo, existiendo medios eficientes para detectar a los que hacen mal uso de los recursos naturales, no sean utilizados para tomar medidas pertinentes y atajar antes de que sea demasiado tarde el mal uso de nuestra tierra.
Los alcaldes, los gobernadores, los ministros, los legisladores y muchos otros personajes tienen la obligación de tomar las medidas pertinentes y actuar de manera urgente y coordinada para que no sigamos afectando a nuestra población mediante la introducción de estos venenos que acaban con las fuentes de agua, los cauces ordenados y productos que verdaderamente necesitamos para nuestra diaria alimentación.
¡No más! No más disculpas, no más hacer caso omiso a esta grave situación. Les corresponde a las autoridades tomar en cuenta que la corrupción, la ignorancia y el desprecio por los valores que hicieron del país y de su gente una nación grande sean ignorados.
Es el momento de recibir su buen ejemplo y demostrar que su función social como autoridad la están cumpliendo a cabalidad y no abusando de su posición para acabar con nuestra nación. Actuar con prontitud y detener la intolerancia es la ruta que debemos tomar.
Marco Fidel Rocha Rodríguez.
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