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“No vemos la realidad claramente, porque aunque tenemos unas herramientas que son los ojos no es suficiente pues no es un proceso automático”, afirma Carlos Lersundy para explicar de dónde nació su interés por enseñar a “ver de nuevo” (así se llaman los talleres) a través de la pintura.
Lersundy, que es un creativo en el sentido más amplio del término —desde lo publicitario hasta lo artístico y cinematográfico—, decidió en este nuevo proyecto crear un taller para a prender a mirar, una idea que surgió tras leer El río, de Wade Davis y El país de la Canela, de William Ospina. Los asistentes a este taller, carboncillo en mano, observan, auscultan y recrean lo que descubren a través de los sentidos.
Estos talleres, en una de las faldas de la montaña cercana a La Calera y la pintura, constituyen uno de los proyectos actuales de quien ganó una beca Guggenheim para hacer un documental sobre los tucanos, ha sido parte de importantes campañas, como Colombia es Pasión, y tenido múltiples exposiciones individuales, la última en la Galería Cero de Bogotá con una obra en la que la abstracción se tomó el espacio de aquellas propuestas figurativas de Lersundy, que de alguna manera son parte de sus otras formas de ver.