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Becas cubanas y salud colombiana
Gran preocupación causan las declaraciones del embajador de Cuba con respecto al ofrecimiento de mil cupos para estudiar medicina en su país.
Es loable que mil colombianos puedan cumplir el sueño de estudiar medicina, pero es aberrante cuando ante la pregunta de cómo se va a hacer, si los guerrilleros muchos tienen experiencia empírica, pero ni siquiera son bachilleres, textualmente dice: “Pues el conocimiento empírico es muy bueno. Y lo burocrático sale y no tiene problema”.
No puedo sino encontrar una palabra, que es: ¡absurdo!
O sea que ya no es necesario ser bachiller para estudiar una profesión, que esto es ¡burocracia! Con razón estamos teniendo dudas sobre los médicos formados en el país.
Pero lo peor es que ninguna autoridad colombiana, ni Ministerio de Salud, ni de Educación, ni Icfes, ni Asacofame, ni ninguna universidad han salido a opinar sobre este exabrupto. ¿Será que esta es la nueva política del Gobierno para aumentar los profesionales en salud?
Seguimos clamando por volver a mejorar la calidad de nuestros programas y nos encontramos con esto, que va absolutamente en contra de ella. ¿O es que nuestro gobierno quiere empezar a formar los llamados médicos comunitarios de nuestro vecino Venezuela?
Calidad en la formación de los profesionales y actualización permanente, con autonomía, es lo que de verdad va a mejorar la salud de nuestro país.
Roberto Baquero Haeberlin. Colegio Médico Colombiano.
Protesta en Soacha
La protesta en Soacha es válida, porque fue la forma como el pueblo pudo expresar colectivamente sus inconformidades y hacerse escuchar; de otra manera no hubiera podido llamar la atención inmediata de las autoridades. Lo que es reprochable es la manera como algunos oportunistas con formato violento y subversivo se apoderaron de la expresión colectiva para llevarla a la confrontación con la institucionalidad, buscando que se causaran graves daños a los servicios públicos, al equipamiento, a la propiedad privada y a la integridad y vida de las personas, menos que se solucionara el problema por las vías democráticas. Ahí deben operar la agudeza de las autoridades y todas sus capacidades para detectar a estos delincuentes y ponerlos a responder por los desmanes. Las personas que protestan, por un fin noble, no deben dejarse manipular por estos agitadores profesionales que están preparados para aprovechar el sentimiento colectivo por la inconformidad en la insatisfacción de una necesidad básica y llevarlo al desconocimiento del orden y de la autoridad, buscando el caos con otros fines políticos diferentes a los de la protesta. Al violento lo que menos le interesa es que la situación se solucione; su objetivo es subvertir el orden y debilitar el principio de autoridad. Los manifestantes de bien no deben hacerles el juego a los violentos, por el contrario, al no seguir sus indicaciones se van pudiendo identificar para que las autoridades competentes actúen de conformidad. No más falacia y engaño e las protestas, hay que dejar que esta expresión colectiva cumpla su finalidad política dentro de un ambiente de paz y tranquilidad.
Édgar Bejarano. El Triunfo.
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