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Caleidoscopio de universos

La exposición ‘Lux Feminae’ está expuesta simultáneamente en la Galería La Cometa y en el Museo Iglesia Santa Clara.

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Todo surgió en un encuentro en Berlín. Luis Luna y Constanza Toquica (la directora del Museo Colonial en Bogotá) hablaban del Hamburger Banhof, una antigua estación de tren convertida en museo, donde se cruzan los lenguajes del arte presente con el pasado. Toquica, interesada en esas conversaciones, le propuso intervenir el museo que dirige. Dos años después, directora y artista se volvieron a encontrar y se concretó la idea: Luis Luna bajó el cielo a la tierra con su obra in situ en el Museo Iglesia Santa Clara, que consiste en unas láminas de acero inoxidable que cubren 80 metros cuadrados formando una especie de piscina reflejando el artesonado de la iglesia. “Admirando el reflejo le encontré más sentido a todo el trabajo, porque la verdad se encuentra en el reflejo de las cosas y no desvelándolas o escarbando”, confiesa el artista, quien aún guarda un cordón umbilical atado a sus inicios como médico psiquiatra que lo hace pararse entre el subconsciente y la realidad.

Toda su obra ha estado relacionada con un trabajo de investigación y por las cosas que están al margen de lo que se puede explicar literalmente. La experiencia mística es una de ellas, y ésta se ve reflejada en sus diferentes técnicas como el collage, los óleos, el video, las impresiones digitales en acrílico o las serigrafías sobre metal que componen su muestra paralela en la Galería La Cometa. Volviendo al claustro de las monjas clarisas y de esa fluctuación hecha metal, Luna evoca el acto de inmersión en el agua haciendo referencia a lo que dijo Simeón (942-1022): “Si un hombre entra en el mar hasta la rodilla o la cintura puede ver el agua en torno a sí. En cambio, si se sumerge en el agua, no tardará mucho en no reconocer nada afuera. Todo lo que sabes es que todo su cuerpo se encuentra en el agua. Eso es lo que les sucede a quienes se sumergen en la visión de Dios”.

La metáfora de ese claustro fémino se transformó en colores ámbar sobre los soportes colgados en la galería, y Luna los llenó de iconografía hermética, de ilustraciones medievales, de dioses cabalísticos y de alquimia. “El tema de la alquimia es recurrente como proceso en la pintura. Lo veo como un paso hacia un refinamiento espiritual que ayuda a indagar más cosas y a crear más universos”, sentencia.

Entrar a las creaciones de Luna es para un espectador curioso todo un acertijo a descifrar, lleno de símbolos, de intertextos y de referencias que salen de la literatura, de la filosofía, de la vida y de los viajes. Se revela todo un caleidoscopio de universos, así como en el reflejo de lo que hay en la iglesia.

El filósofo Sloterdijk y la Nobel Herta Müller alimentan por estos tiempos ese tubo de espejos de donde seguramente saldrán sus imágenes multiplicadas.

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