Sobre Armero

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No estoy de acuerdo con el editorial “Que Pékerman y Armero no se laven las manos” (El Espectador, 25/03/17). En primer lugar, la denuncia y respectiva protesta tuvo que haber tenido lugar en el momento de la agresión, no un año después, cuando el jugador incluso está de nuevo con su esposa intentando llevar una relación. Hacerlo hoy, sólo porque fue convocado a la selección, demuestra que aquí lo importante no fue lo que hizo, sino lo que ahora hace y eso deja un sinsabor con tintes de oportunismo mediático.

Un solo golpe a una mujer ya es condenable, no tiene ninguna justificación y es un acto que debe generar repudio, además de sanciones sociales y legales. Pero debemos tener en cuenta que la esposa hizo lo propio al denunciarlo, las autoridades estadounidenses lo apresaron y el jugador estuvo involucrado en el respectivo proceso legal, de acuerdo con el ordenamiento jurídico norteamericano, en medio del cual tuvo que pagar una multa y estuvo en prisión. Si bien se trataba de una situación reiterada, el jugador luego buscó ayuda profesional y posteriormente, después de un proceso psicológico personal y familiar, pudo reconstruir su hogar. Vive de nuevo con su esposa y sus hijos. Cometió un error, recibió su sanción e intenta recuperar su vida. ¿Cuántas veces debe ser condenado?

Tampoco veo a nadie preocupándose porque la víctima tenga que revivir este lamentable episodio al exigirle al jugador una excusa pública. Nos gusta mas el show por el maltrato, así en medio de esto revictimicemos a una persona que seguramente ha tenido que pasar por un proceso de restauración familiar muy difícil e igualmente doloroso.

Por otro lado, el hecho de que sea una figura pública, ¿nos da derecho a que lo juzguemos y condenemos de esta forma? Él ya tuvo su escarnio público. Y es aquí donde me pregunto: ¿les perdonamos a 6.000 guerrilleros los actos que cometieron (incluyendo cientos de feminicidios que no fueron actos de guerra), pero vamos a condenar a una persona que ha representado a nuestro país con altura, que si bien cometió un error tuvo el carácter para reconocerlo, asumir las consecuencias legales, sociales, familiares y deportivas?

No podemos tampoco compararlo con el caso del Bolillo Gómez. Si bien son actos igualmente repudiables, se dieron en contextos distintos. Las responsabilidades en sus trabajos son absolutamente diferentes y en tal sentido la forma de asumir sus responsabilidades externas también lo son. Un ejemplo con casos de jerarquía similares: si un estudiante le pega a otro, ¿debe recibir la misma sanción que si en dado caso el agresor fuera el profesor?

Decir que como se trata de una persona famosa, el llamado a la selección es un premio que no merece y en tal sentido es un mal ejemplo, me parece algo absolutamente desacertado y descontextualizado. Estamos confundiendo peras con manzanas. El llamado a la selección no es un premio al buen comportamiento. Se debe siempre a un buen momento futbolístico y valga la pena decir que en este momento Armero tiene un buen presente deportivo en su equipo Bahía de Brasil. Y en el partido lo demostró. Si fuera válido premiar el comportamiento pasado de un jugador con la convocatoria a la selección, jamás hubieran sido llamados a sus respectivas selecciones jugadores como Maradona, Cantoná, Best, Ronaldo, Ribery y el mismo Asprilla, sólo para citar algunos ejemplos.

No se trata de justificar ni de permitir que estas cosas pasen. Aquí tenemos un tema social de machismo y una cultura de la agresión en donde la mejor forma que encontramos para dirimir un conflicto es a golpes, en el ámbito familiar, social, etc. Condenar a un tipo por el simple hecho de ser famoso me parece oportunista, así de simple. Pienso que no aporta nada a la solución del problema de fondo, más aún cuando vemos sólo el error que cometió, pero no tenemos en cuenta y desconocemos sus actos posteriores de reparación y los castigos asumidos. Aquí lo que tenemos es que exigir penas mas drásticas, aun para quienes agreden a mujeres y niños que en muy contados casos son allegados a personas famosas. Son las mujeres de barrio, del común, quienes son víctimas a quienes deberían hacer visibles sus casos de violencia.

Alejandro Gutiérrez.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com .

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