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‘Cartografía de la nada’

Después de cuatro años de ausencia, el artista abstracto Carlos Salas regresa a las galerías con una obra pictórica que hace una búsqueda profunda de los rastros y heridas que dejan los sentimientos.

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La forma de trabajar de Carlos Salas cambió radicalmente después de la retrospectiva que hizo de su obra como pintor en 1999 en el Mambo, tras más de 10 años  incesantes de exponer . “Iba a paso de liebre, después fui a paso de tortuga”, explica el artista, que desde entonces empezó a prolongar los intervalos entre una muestra y otra. El último silencio, de cuatro años, se rompe ahora con su exposición Cartografía de la nada, los rastros del sentimiento, que estará en la Galería Mundo hasta el 28 de agosto.

“Creo que los artistas deberíamos tener ese tipo de repasos, tener una retrospectiva en  la mitad de la vida para iniciar de nuevo o plantearnos nuevas cuestiones. A mí, echar la mirada atrás me creó mucha confusión, no es como que salgas renovado, purificado, es lo contrario, llega todo eso y se queda incrustado ahí. Cuando Proust descubre el tiempo perdido, se muere, no le queda la oportunidad de preguntarse qué va a pasar”, confiesa este pintor para quien su exposición fue el fruto de una profunda decisión.

Con esta muestra, Salas intentó primero crear una especie de traslado de su taller a la galería, quería llevar al lugar público lo íntimo de su producción, pues una de las convicciones que lo habían alentado a volver a dar pinceladas era que a pesar de que la obra salía cargada del taller, entraba a unos circuitos, como el mercantil, que la empobrecían: “Se vuelve un objeto de mercado, de vanidad, de decoración, y pierde el sentido que tenía originalmente”.

Esos cuadros que lucirían y estarían dispuestos en el espacio igual en la galería que en su taller serían, como la mayoría de las veces, de gran formato Las dimensiones enormes  se han convertido en su forma de absorber, en su posibilidad de chupar al espectador dentro de la obra. Hay así cuadros grandes, amplios, que sumergen, otros alargados que permiten ser recorridos.

Los pinceles en manos de Salas empezaron a moverse inspirados por aquella apreciación que hacía algunos años le había hecho  un crítico de arte en París: la estrecha relación de sus abstracciones con la quebrada geografía colombiana. “Yo empecé a pensar en una geografía menos territorial y más sentimental. El lugar es lo habitable y lo que habita en uno con más intensidad son los sentimientos”. Así, con una sobreposición de capas, con la abstracción a flor de piel y con trazos y colores verdes, amarillos, rojos y mezclas de tonos innombrables, Salas creó una arqueología del sentimiento, dando forma sobre la tela a una de sus obras más biográficas.

“Lo que hace autobiográfica una obra es cómo se impregna de los sucesos y de las marcas, no físicas, sino sentimentales, de quien las crea”, explica el artista, que derivó de este proceso el nombre con el que en principio bautizó la muestra: Marcas del sentimiento. Luego, tras una charla con el crítico de arte Luis Fernando Valencia, fue advertido sobre el riesgo de que el título fuera muy representantivo y de que de pronto el espectador frente a esos apretujes de formas y colores sólo fuera a buscar los rastros de sus melancolías, de sus decepciones, de sus alegrías. La aparición de heridas y recuerdos que se sobreponen y van tramando un tejido terminaron pareciéndose sobre el lienzo a mapas inmensos, fue así como el fin de su  silencio terminó  bautizado: Cartografía de la nada.

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