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Sin temor a la reacción del público y con la firme convicción de educarlo a través de propuestas arriesgadas y de una cinematografía que busca otras alternativas visuales, se presenta el Festival Internacional de Cine Sin Fronteras, que se realizará del 22 de julio al 2 de agosto en Medellín y en el Valle de Aburrá.
Es un Festival especial, porque a diferencia de los otros que se hacen en el territorio nacional, éste tiene una vocación interinstitucional por estar apoyado y respaldado por el Museo de Antioquia, el Museo de Arte Moderno, la Corporación Otraparte y la Escuela Nacional Sindical. Además, porque gira en torno a un eje temático. Ya habían pasado por sus antiguas ediciones temas espinosos y polémicos, como la mentira o la relación padres e hijos. Este año, por estar apresado entre fechas tan significativas como el 20 de julio y el 7 de agosto, el hilo conductor escogido fue la Independencia, ¿pero de qué? Según su director, Pedro Arián Zuluaga, el cine independiente es el pilar, pero también la independencia en la vida personal, las dependencias, las interdependencias, entre otros.
Lejos del ciclo histórico y queriéndose apartar del evento conmemorativo oficial, de la celebración y del nacionalismo, a los organizadores les interesa más hacer una reflexión sobre la nación, sobre las repúblicas, la autonomía, la liberación y el colonianismo en un sentido muy amplio. De las 27 películas que están en la muestra central, varias se escogieron de los países que están celebrando el Bicentenario: México, Chile, Venezuela y Bolivia. Como una coincidencia, y no como algo buscado, muchos de los filmes seleccionados pertenecen a directores muy jóvenes, que rondan los 30 años y que tienen un lenguaje común de una narrativa contemplativa, de ritmos lentos, de diálogos escasos y tiempos muertos. Es el caso del boliviano Juan Carlos Valdivia, quien ganó como mejor director en el Festival de Sundance, con Zona sur; del mexicano Nicolás Pereda, con Perpetuum Mobile y Todo, en fin, el silencio lo ocupaba, o de Vimukthi Jayasundara de Sri Lanka, con Entre dos mundos.
Con respecto a la producción colombiana, se mostrarán dos preestrenos: Los extraños presagios de León Prozak, de Carlos Santa, y el documental Beatriz González, ¿por qué llora si ya reí?, de Diego García Moreno. “La película de Carlos Santa la hemos estado esperando hace mucho tiempo, porque es un cine artesanal. Es una reflexión del artista sobre su relación con el mercado, el éxito, la notoriedad como una especie de actualización del mito de Fausto que vende su alma al diablo, sólo que éste lo hace por desconocimiento y en la película lo hace por reconocimiento”, sostiene Zuluaga.
Además de la proyección cinematográfica, habrá una programación académica de conferencias y conversatorios, una muestra alterna con los ciclos de Kluge, Rohmer y Farocki. Esta es la primera vez que el Festival trae un abrebocas de cinco películas a Bogotá.
Las proyecciones se harán en el Teatro Avenida Chile el 17 y 18 de julio. Para mayores informes: www. festivalsinfronteras.com.