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Un eclipse, esa danza entre la Luna y el Sol que ocurre cada cierto tiempo y provoca oscuridad total durante máximo siete minutos y medio, fue el fenómeno natural más atrayente para Nicolás Cárdenas en el proceso de creación de Sombra y umbral, una de las piezas de Tangible/Intagible que confronta la luz con la penumbra en una especie de juego con el visitante. La idea, aunque se gestó hace unos cuatro años, sólo pudo llevarse a la realidad en esta entrega adecuada especialmente a las instalaciones del Museo de Arte de la Universidad del Magdalena para copar tres salas de obras de gran formato.
“Hace algún tiempo viajé al Amazonas, a la Serranía de la Macarena y Caño Cristales. En todos esos lugares la oscuridad es exactamente eso, si no hay Luna no hay luz. Comencé a preguntarme cómo la presencia del hombre afecta el espacio” y cómo las manifestaciones de la naturaleza lo hacen sentir vivo. Además, quiso profundizar en la manera en que un objeto tridimensional afecta el área que ocupa e incide en las distancias con el sujeto que observa.
Lo más interesante del recorrido de la obra de Cárdenas es participar de ella. Una que se ha ido transformando a lo largo del tiempo desde la primera edición exhibida en la galería Valenzuela Klenner García en 2008 y que ahora ha hecho experimentar a miles de samarios, quienes se interponen entre el trípode generador de luz y aquel círculo de tres metros que le tomó cinco horas dibujar con carboncillo.
En otra sala del museo se encuentran: 3 a.m. y Blanco, negro. blanco negro, una confrontación entre lo negativo y lo positivo. El primero es un cuadrado negro de carboncillo —material reiterativo en su trabajo— con el que el artista desea evocar una madrugada: “Es ese espacio tuyo de la noche, cuando estás en tu cuarto y no ves nada. De pronto hay una silla enfrente y te tropezaste con ella porque no te acordaste que allí estaba y te dio miedo pisar más allá. O también ocurre en campo abierto. Cuando sabes que hay un árbol cerca y haces el ejercicio mental de cómo era eso de día. Está haciendo alusión a algo que existe”. Y se correlaciona con Blanco, negro, blanco, negro, un video que presenta la creación de ese mismo dibujo —con manchas— hasta que forma un cuadrado blanco, “es el opuesto, como el yin y el yang. Aunque yo no me meto tanto en la filosofía de otras culturas, siempre existen las alusiones a cosas espirituales. Son obras que hay que ver en conjunto” y que exploran la memoria e imaginación del espectador.
La aceptación ha sido tan grande que la muestra y los talleres artísticos a los que se ha dedicado Cárdenas se alargaron hasta el 18 de julio. Su vocación de docente, profesión que ejerce en la Universidad de los Andes, se lo llevó hasta el Caribe para actuar directamente en una problemática social. Desde que montó la exposición, todas las mañanas, el bogotano ha compartido con niños desplazados de la Sierra Nevada su pasión por el arte.
“Les propuse esos talleres para que fueran a ver la exposición —muchos de ellos nunca han visto una—, para que jugaran con las obras e hicieran ejercicios de dibujo. Con eso busco difundir algo que a mí me han enseñado: aprender a pintar, no pretendo ser un psicólogo. En cambio, sí ser una pequeña herramienta para que puedan tener una experiencia diferente que les quede grabada en su cabeza, lleguen al arte y no le tengan miedo a entrar a un museo. La única manera de saber es viendo”.
Para Nicolás Cárdenas, la experiencia de tener una exhibición en Santa Marta ha significado una alegría enorme. “Muchas veces no somos conscientes del espacio que habitamos y no lo usamos bien. A nosotros todo nos lo dan por medidas, pero nunca por experiencias palpables. La exposición nos hace caer en cuenta de lo pequeño que somos en relación con la Tierra”.
Museo de Arte de la Universidad de Magdalena. Carrera 2 N° 16-44. Lunes a domingo de 9:00 a.m. a 7:00 p.m.