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Juan Manuel Santos no solo se “acaba de enterar” del ingreso de recursos de Odebrecht a su campaña presidencial. En las últimas semanas, también se enteró de que su candidato a la Gobernación de Antioquia (quien resultó vencedor) es el mayor obstáculo para la implementación de los acuerdos de paz en el departamento.
Aquel aspirante al máximo cargo regional, quien ascendió al poder con el apoyo de la maquinaria politiquera de la Unidad Nacional, manifiesta constantes reparos ante la implementación (aunque, en un principio, algunos eran razonables).
Esta semana, diversos sectores políticos reaccionaron cuando el gobernador de Antioquia dijo en público que el país necesita “un presidente de la calaña de Vargas Lleras”.
Dos asuntos quedan claros: 1) falta un diccionario en el despacho principal de la Gobernación de Antioquia; 2) el trueque de favores políticos: una vez obtenida la Gobernación del departamento (un baluarte electoral, pues Antioquia siempre ha sido decisiva en los comicios presidenciales), el actual titular del cargo debe abrir trochas en las montañas antioqueñas para Germán Vargas Lleras.
(Pocos personajes políticos podrían competir con Santos en términos de impopularidad en Antioquia: Vargas Lleras es uno de ellos).
El magistrado del Consejo Nacional Electoral, Armando Novoa, solicitó al procurador general de la Nación que se investigue si las declaraciones del gobernador de Antioquia constituyen una participación en política.
¿Qué hay detrás del accionar reciente del gobernador de Antioquia?
La respuesta es simple: reconocimiento nacional.
Santos sí tiene quien le escriba: el mandatario antioqueño. Desde que ocupó su despacho en La Alpujarra, le envía cartas al presidente, las mismas que, a juzgar por las respuestas, están en una cesta de basura en la Casa de Nariño.
¿El paso a seguir? Mostrarse “guapo” ante la opinión pública. La fórmula de “mano dura” nunca falla ante los medios bogotanos. (La “incivilización” de provincia siempre será alimento para los titulares).
Este es un político regional, sin un nombre más allá de las fronteras de Antioquia, que busca posicionarse a través de golpes mediáticos: con el “diferendo limítrofe” del corregimiento Belén de Bajirá demostró que es capaz de exacerbar los ánimos regionalistas, los nacionalismos a pequeña escala.
Ana Cristina Moreno, diputada del Centro Democrático, dijo que la Asamblea contemplaría la posibilidad de declarar personas no gratas al director de Instituto Geográfico Agustín Codazzi, Juan Antonio Nieto, y a la senadora Claudia López. (Tal declaratoria no es factible gracias a la Constitución).
“Vamos a iniciar un proceso inicialmente diplomático para que cualquier autoridad [chocoana] que esté allá y que no sea de Antioquia, salga de la zona”, proclamó el mandatario regional. Entonces, prometió invertir $25.000 millones en Belén de Bajirá (El Colombiano, 31/01/2017)… muy pronto se apagó la mecha de la prensa nacional.
Había que buscar otro blanco mediático, uno fácil, de esos que enardecen a las masas: el proceso de paz.
Tan predecible es cada puesta en escena del gobernador de Antioquia como su norte político… ¿Germán Vargas Lleras? ¿El ungido por Álvaro Uribe? Qué importa: ¡son de la misma calaña!