Hijos del río y nuevos ritos

Arturo Guerrero
16 de marzo de 2017 – 09:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Casi no hay día del año que no esté dedicado a alguna causa: la madre, los niños, la mujer, el sida, los amigos, el cáncer de mama. Algunos son conquistados por astutos gremios de comerciantes para vender regalos, flores, chocolates. Otros son ocasión de prédica y financiación de instituciones benéficas como Teletón.

Pocos, no obstante, han conformado un ritual y un séquito de adherentes tan devoto como el programado para el próximo miércoles 22, Día Mundial del Agua. Lo proclamó la ONU en 2010, en coincidencia con el equinoccio. Y encendió un entusiasmo que envidiarían los políticos.

Entre los quinientos lugares del mundo donde ese día se le rinde adoración sincronizada al agua, Colombia tiene nombradía. Tal vez porque el líder es un compositor y cantante de quilates internacionales, Héctor Buitrago, el flaco integrante de Aterciopelados. Al lado de la terapeuta musical Catalina Salguero, aglutinó un entusiasmo.

Otro factor es la debacle de las religiones occidentales entre sectores emotivos de la gente joven. No es que el Aterciopelado esté fundando un culto alternativo. No. Solo que el evento programado para el miércoles tiene tintes de espiritualidad, rito, rezo, liturgia, retorno a vestiduras, humos, plumas y tambores indígenas.

“Canto al agua”, como se llama, es una aglomeración de ambientalistas y artistas en puntos evidentes como ríos, mares, lagunas, cascadas. Y en otros al alcance de la mano como albercas o recipientes caseros con agua. A las doce del mediodía local y durante diez minutos todos entonan la sílaba “Ah”.

Se sabe que el agua es considerada madre de la vida. De modo que la escogencia de este sonido para cantar debió de ocurrírseles como resonancia y versión femenina del mantra “Om” con que los orientales se ligan a dios.

Para esta octava versión proponen un lema con ingenio semántico: “Sed agua que equilibre”. Lo complementan así: “Ser y llevar el equilibrio que queremos ser”. Lo motivan con la idea fuerza de la tan propagada ‘autoayuda’: sanar mis aguas internas es sanar las externas, la intención crea y transforma.

Para incrementar el fervor, invitan a repasar las fotografías del japonés Masaru Emoto en que moléculas de agua sometidas a palabras positivas aparecen como cristales del paraíso. Invocan los espíritus de tres pueblos originarios —denominación políticamente correcta—, sioux de Dakota del Norte, wayuus de la Guajira y mapuches de Chile.

Los cantores del agua consideran que calentamiento, sequías, incendios, inundaciones, son formas como el agua refleja la confusión de las emociones y acciones humanas. Pero la naturaleza sigue fluyendo, busca el equilibrio.

Así que el despertar de la conciencia global sobre el cuidado del agua contribuye a que este líquido calme el fuego interior y el conflicto entre los hombres.

Son una iniciativa ciudadana. No se presentan como resistencia, no son una protesta. Tampoco admiten tener orientación religiosa. Quien ve desde la orilla a estos floridos hijos del río, piensa que son un tanteo de los nuevos ritos.

arturoguerreror@gmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido