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Nuevamente el uribismo convoca a una marcha y al igual que en 2016, lo hace una semana antes del día de las víctimas, mostrando, como lo hicieron en la campaña por el No, un total desprecio por quienes han sufrido los rigores de la guerra.
Pero esto no es nuevo, ha sido una práctica sistemática de Uribe. Durante su gobierno negó que en Colombia existiera conflicto armado interno, afirmó y dio la directriz para que durante su gobierno se hablara de una “amenaza narcoterrorista”. Esta situación no solo era nominal, sino que era parte de una política que pretendió ocultar, a través de las palabras, responsabilidades y realidades de la guerra. Así, por ejemplo, negaba de entrada que existieran víctimas de crímenes de Estado, pues en el país solo existían muertos de las acciones de “narcoterrotistas”: del lenguaje también eran suprimidas las palabras guerrilla, subversión e insurgencia. El mensaje llegó y fue acatado por funcionarios públicos, medios de comunicación y, por último, por amplios sectores de los ciudadanos.
Para Uribe las víctimas no existen como un universo complejo. Solo existen y son importantes en tanto sirvan como materia política y electoral. En 2008, cuando su popularidad estaba cercana al 80%, estalló el escándalo de los llamados falsos positivos. Dijo sobre estos asesinatos: “esos jóvenes no propiamente estaban recogiendo café”. Para él estas víctimas no son, no existen, solo son una situación incómoda con la que intentan sabotear su gestión. El problema del expresidente no son los asesinatos, es que se hicieran públicos. Impunidad.
Durante la campaña del No el expresidente asumió, de manera cínica, la vocería de las víctimas que ahora y siempre ha despreciado. Cada vez que lo entrevistaban decía que no estaba de acuerdo con la paz de Santos, porque era una paz en la que se promovía la impunidad. Sin embargo, cuando tiene la oportunidad de responder con altura y ser consecuente con las víctimas que dice representar, las niega una vez más con sus marchas de odio. Negó las victimas como gobernador de Antioquia, las negó como presidente y las niega ahora como líder de la oposición.
Pero Uribe no está solo: el exprocurador Alejandro Ordóñez también lo acompaña en su cruzada contra los acuerdos hechos con las Farc. Pero Ordóñez, quien ha intentado vender la idea de que su destitución fue acordada en La Habana, jamás reconocerá que su salida de la Procuraduría fue producto de la evidente corrupción y el tráfico de influencias durante su reelección. Impunidad.
Uribe y Ordóñez, los impunes del país, llaman a los colombianos a marchar el próximo primero de abril. Lo hacen a través de su estrategia de costumbre, con mentiras y promoviendo la rabia entre los ciudadanos, como lo reconociera hace pocos meses Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña del No. Pero, el uribismo, que es una religión que marcha en contrasentido a los tiempos de la historia, ve enemigos y paganos en quienes se alejan de su credo. Quizá por eso sus marchas se están consolidando en el marco de la Semana Santa, para que la fe y la política sean su principal plataforma ideológica.
El primero de abril marcharán los uribistas, serán liderados por impunes. Lo harán en nombre de la democracia, de la justicia y contra las Farc. Una semana después, el 9 de abril se conmemorará el día por la solidaridad y la memoria de las víctimas, pero ese día no harán presencia, no se movilizarán, no emitirán ningún comunicado y no lo hacen por ignorancia o indiferencia, sino porque son responsables de muchas de ellas.