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¿Cuál de todas las iglesias católicas?
El editorial de febrero 12 de 2017 arriesga caer en una trampa propia de los todavía escasos críticos de la Iglesia católica. Olvidaría que ella hace uso de diversas formas para evadir sus responsabilidades legales. El mismo editorial afirma que, en las relacionadas con el cura pederasta Mazo, éstas y las de “tantos otros curas… se debe(n) al manto que los recubre al presentarse como representantes de la Iglesia”.
Conviene desnudar los muchos mantos que arropan la impunidad de la Iglesia católica. El de la Iglesia católica política, por ejemplo, la ha hecho partícipe del diseño bipartidista violento de la República, pero nunca ha respondido por los daños producidos. La Iglesia católica militar ha educado por décadas a policías y ejércitos bajo la égida del llamado “obispado castrense”, pero hasta hoy no conocemos que haya respondido por los daños de sus educandos en la cruenta guerra civil colombiana. La Iglesia católica económica posee incontables tesoros artísticos y centenares de inmuebles rurales y urbanos, pero, amén de que no ha pagado un solo peso de impuesto por ellos, amparada por el Concordato vigente, seguiría recibiendo del Estado una indemnización a perpetuidad acordada con el gobierno de Núñez. Y la Iglesia católica de varios curas pederastas, enredada en su propio ombligo, tampoco quiere asumir sus responsabilidades como formadora de sacerdotes que, amparados en cuestionable estado celibatario, convierten conventos, escuelas y otros escenarios consagrados al amor de Dios en lugares donde, revestidos de ese mismo amor, miembros del curato violan la inocencia de los niños.
Y a todas estas, el manto de la Iglesia católica romana, dueña del dios que denomina único y verdadero camino del cielo para sus rebaños, reemplaza a todos los anteriores, por si acaso. Por si acaso falla en política, de todas formas, ella estaría aquí para conducirnos al cielo. Por si acaso falla en lo militar, ella estaría aquí para cuidar nuestras almas. Por si acaso descubrimos que sus tesoros no pagan impuestos o caen víctimas de la corrupción bancaria, ella sólo lo hace para buscar el bienestar de los obispos que cuidan de los pobres. Y ahora que descubrimos que numerosos sacerdotes optan por dañar a los niños feligreses, nos encontramos con que esa Iglesia política, militar, económica y celestial, acusa a los padres de familia de los niños violados en el connotado caso del Valle del Cauca, por haberlos dejado al cuidado de sacerdotes que, muy evangélicamente, guían a los infantes por los que ella misma denomina “caminos del Señor”.
No es uno solo el manto largo y ancho bajo el que se esconde la Iglesia católica para evadir sus irresponsabilidades. En absoluto. Por siglos se ha apertrechado bajo mantos de variopintos colores, cada uno de los cuales saca a relucir según lo aconseje la defensa a ultranza de sus intereses. Es divina cuando se le busca terrenal. Y terrenal cuando divina.
Bernardo Congote.
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